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La Managua posterremoto: Las “Patitas de Chancho” de Wicho

*¿Hacia dónde fueron a dar los restaurantes y bares de la Managua terremoteada?

Por Bosco León Báez
La Calle

“Wicho, mándame una taza de sopa y de comida seca, patitas de chancho en caldillo”. ¿Qué les parece este almuerzo? Los médicos de hoy dirían escandalizados, “¡qué barbaridad, eso no es comida, es colesterol, triglicéridos y grasa. ¡Te vas a morir de un infarto!

Mentira. Vi almorzar este tipo de comida todos los lunes del año, en la comidería de Wicho, en Monseñor Lezcano, en la década de los 80, a más de 50 de mis amigos quienes hoy, todos, lucen a sus más de 60 años, sanos y felices.

Wicho fue otro de los comedores populares que nacieron en esa década. Ocupaba toda la acera de su casa en una esquina, y había que libretearse tipo 11:45 de la mañana para poder agarrar lugar y sobre todo la sopa, la cual era la encargada de colocar en su nivel a más de 30 engomados que llegaban a desquitarse con la sopa y las patas de chancho. También había otros platos, uno infaltable los lunes era el salpicón, carne desmenuzada, tortitas de carne y cualquier guiso, estaban presentes en el menú de este visitado lugar.

Wicho no tenía esposa, ni compañera. Era un hombre tranquilo y trabajador que una vez sele estaban se estaban yendo sin pagar unos comensales y Wicho salió hecho una furia, que si no lo detenemos les hubiera dado hasta debajo de la lengua a los gorrones. Fue además muy atento con sus clientes. A las seis de la mañana ya tenía listo para la venta frito con tortillas, vigorón y a las ocho salía un sabroso vaho, con gordura de pecho con un topping de ensalada de mimbros con grosellas. Toda una delicia.

Al comedor de Wicho llegaban por igual trabajadores cuyos centros laborales estaban retirados. Un grupo de jóvenes -varones y mujeres- llegaban cada lunes desde el INRA, ubicado en la carretera a Masaya, a tomarse una sopa. En esa década a pesar de que el país estaba convulso por la guerra entre los contras y el ejército, en la ciudad no se sentía el fanatismo exacerbado que hoy percibimos.

-“Aquí vienen a comer los contras, los del ejército, la policía y los que no son nada”, decía salomónicamente Wicho.

-“Cuando voy a comprar la carne, nunca me han preguntado si soy o no partidario, solo me dicen, es tanto y pago, cuando me digan que si soy partidario me van a regalar la carne, entonces me haré partidario”, solía comentar.

Avenida del Centenario, cerca de los mercados San Miguel y Central. Antes del terremoto del 23 de diciembre.

Un lunes salimos seis compañeros de trabajo para donde Wicho. Al llegar estaba lleno, una de las compañeras del grupo nos dijo: “Voy a ir a decirle que nos guarde lo que vamos a comer”. Esperamos que desocuparan una de las mesas. Estábamos en eso cuando vemos que se levanta un hombre alto y blanco, vestido elegantemente y haciendo señas que estaba mal. Sus compañeros de mesa también se levantaron y agarraron al hombre de los brazos llevándoselo al carro en que andaban.

Una muchacha los acompañaba lloraba pidiendo ayuda, todos acudimos a tratar de socorrerlo. El hombre convulsionaba, sudaba copiosamente y estaba helado, helado. Un vecino del local, salió a verlo, era médico. Lo tomó de una mano, midió su pulso y al verlo que estaba muy mal les dijo a sus acompañantes, “llévenlo al hospital de inmediato, parece que tiene una gran congestión”.

Lo montaron al vehículo y se marcharon. A la semana siguiente, nos dimos cuenta que el hombre era un alemán de la hoy inexistente República Democrática Alemana (RDA), que trabajaba como asesor en la Cancillería, cuando estaba detrás del restaurante Los Ranchos. Resulta -según lo que le comentaron a Wicho- que el hombre al ver a uno de sus amigos tomar sopa y comer patas de chancho se le antojó.

La muchacha le dijo que eso era pesado, sin embargo el hombre dijo que su estómago era fuerte.

El alemán devoró las patatas de chancho hasta chuparse los dedos, diez minutos después el germano estaba muriéndose. “Es una grosería -dijo Wicho- esa gente casi lo matan y a mí me hubiera caído el clavo”.

En nuestra próxima entrega, el comedor del “Campeón”, por el Zumen.

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