Managua Portada

Managua: Los matinés, los grandes cómplices

*Las tandas de cine que cobijaron en la sombra a novios y enamorados

*Un recorrido por un estilo de vida dominical en la vieja Managua

Por Bosco León Báez
LA CALLE

Imaginen amigos lectores, si los viejos cines de Managua (Margot, González, Salazar y el Alcázar) pudieran “salir” de sus “tumbas” y nos contaran sus secretos, aquellos que guardaron con celos de guardián por muchos años y que nunca dijeron y que solo se supieron por los errores que sus protagonistas o uno que otro indiscreto apuró a sacar a luz pública.

Esos viejos teatros, inexistentes ya, de los que solo sobreviven sus cascarones o muñones del edificio que tenías vibrantes antes del 23 de diciembre de 1972, se llevaron a sus tumbas millones de secretos.

Estos cines además de contar con sus salas elegantes y llenas de glamour, cómodas y frías butacas ocurrieron miles de historias y anécdotas sobre todo en los recordados matinés los domingos a las 10 de la mañana.

Les puedo asegurar que los que hoy día contamos con más de 60 inviernos, tenemos en nuestro haber una anécdota, alguna de estas graciosas, otras de dolor y llanto, pero ahora que las recordamos, lo que ayer fue sufrimiento, hoy son recuerdos imperecederos, llenos de muchas nostalgias y vida. Esta vez para contar estas anécdotas, conversé con tres damas elegantes y guapas, ellas son miembros del club de las seis décadas, la cuales nos pidieron omitir sus nombres, por aquello de la pena, de lo que una vez vivieron. Además, sus recuerdos son más exactos y verdaderos.

Debo mencionar que solo hacemos referencia de tres grandes cines, debido a que estos eran los reyes en los menesteres de los matinés. Esos cines tenían precios cómodos, pero lo más importante era que las muchachas que asistían a ellos costeaban sus propias entradas. Llamaremos Norma a nuestra amiga, quien siendo una adolescente tuvo un loco enamorado, y su problema, como el de casi todas las chavalas, es que no tenían permiso para andar jalando. Por lo tanto, ir al cine tenía que hacerlo acompañada de una amiga o alguna prima.

“Recuerdo -me dice Norma, mientras sus ojos verdes se llenan de brillos- que había un chavalo cerca de mi casa en el barrio San Antonio que era loco enamorado mío y además me gustaba. Un día conversando en la acera de mi casa con otras amigas, usando claves para que mis padres no escucharan, nos pusimos de acuerdo en ir un domingo a matiné. Yo tenía que ir por fuerza con una amiga la cual era mi confidente. A las nueve y media de la mañana estábamos en la entrada del Alcázar. Mi enamorado ya estaba en la entrada también pero no nos saludamos por aquello que mi papá pudiera enviar a un espía”.

“Una vez adentro le guardamos una silla al lado mío, él se había ido a sentar a otra fila de asientos. Cuando apagaron la luz, el muchacho se levantó como si iba a comprar yalgo  al regresar se sentó a mi lado. Me tomó de la mano y luego me pasó su brazo sobre mis hombros. Así estuvimos como media hora, hasta que el chavalo se decidió a darme un beso. ¡Ay mamita!, agrega Norma riéndose a carcajadas, el enamorado tenía un aliento espantoso. Como pude dejé de besarlo y él me preguntó ¿Qué te pasó?, nada, le dije, es que no me siento bien. Me voy a ir. Le dije a mi amiga, vámonos, aquella asustada me preguntó en señas qué me pasaba, vámonos le dije”.

“Nos fuimos a luneta para poder ver las películas y al llegar a casa poder comentarla. Es que le hiede la boca horriblemente le dije a mi amiga. Quedé curada, cuando me salió otro enamorado, lo que hacía era hablar con él de más cerca para ver si no tenía el problema que con el otro tuve. Ese es mi mejor y peor recuerdo de mis viajes a matiné, siendo una chavala de 16 años”.

El recuerdo de Virolo

Luego fui a visitar a Raquel, a su casa, en donde me recibió su esposo y amigo Leonel, quien luego de saludarme me dijo que Raquel “te va a contar su mejor recuerdo de sus viajes a matiné”. Así es le dije, y parece que no fue con vos”, le contesté riéndome.

Raquel se refirió a un enamorado cuyo mal apodo era “virolo”, porque era bien flaco. “Nos pusimos de acuerdo para ir al cine. Era la primera vez que iba al cine y lo más romántico ese día iba a dar mi primer beso”.

“Vos te acordás -dice Raquel- antes era todo un misterio ir al cine, íbamos caminando y volvíamos a ver a todos lados, para ver si no me venían siguiendo, a niveles de paranoia. Cuando apagan las luces y comienzan a pasar las escenas de las películas, llega el flaco y se me sienta al lado. Tremendo el “virolo”, no tenía ni cinco minutos de haberse sentado cuando ya me estaba dando un gran beso. Me sentía que flotaba, fue todo como un sueño. Así pasamos un buen rato, luego le dije que nos detuviéramos un momento, vos sabes el problema de las hormonas en esos momentos y a esa edad”.

“Antes que terminara la primera película, le dije que se levantara y volviera a llegar cuando comenzara la otra. Así fue, nos pusimos a ver un rato la película, cuando “Virolo”, me vuelve a besar, estábamos en eso, cuando mi amiga, que estaba a mi derecha, se levanta arrecha y le dice al flaco, “¿qué te pasa?, me estás tocando”.

“Cuando escuché eso, le di una cachetada y arrecha le dije que era un vulgar atrevido, nos levantamos mi amiga y yo y nos fuimos a otro lugar. Al salir del cine estaba esperándonos para pedirnos disculpas pero le dije, “por favor, no me volvas a hablar”.

“Hace unos 8 años en un viaje a Miami a ver a mis hijas, veo entrar a un hombre bastante recio. Al verlo me dije, este es Virolo, le quité los ojos para que no me viera, pero al pasar por mi lado me dice, “hola Raquel, cuántos años sin verte”. Qué tal, cómo te va, le dije, voy a Miami a ver a mis nietos. Hoy Virolo es un profesional de la medicina, pero su irrespeto con mi amiga nunca se lo perdoné”.

“Llamé a mi amiga Alexandra para ponernos de acuerdo a qué hora podíamos conversar, ella me dijo, voy a llegar a tu casa, vos sabes cómo es Mauricio, aún se pone celoso de mis recuerdos. Una hora después estaba en mi casa y ella encantada ya que iba a recordar su primer beso y amor. La verdad me dice no fui muy de novios siendo chavala, pero de este yo estaba locamente enamorada. Lo vamos a llamar Armando ya que, en la actualidad, vive en Managua y tiene una oficina de ingeniería”.

“Armando era guapísimo, me dice con gran alegría, todas las chavalas de San Sebastián eran locas enamoradas de él. Tenía alto, cuerpo y además era uno de los mejores alumnos del Calasanz. Nos veíamos de largo en la iglesia del barrio y en las kermeses, que se hacían en el colegio. El año del terremoto una prima cumplió sus 15 años. Él llegó y toda la noche pasé bailando, lo hacía de maravilla, cada vez que escucho la canción “Comencé un chiste”, de los Bee Gees, siempre me recuerdo de él”.

“Un día nos fuimos a matiné, burlando todas las medidas de seguridad que nos imponían nuestros padres a las chavalas en aquellos años. Él llegó primero y me esperó en el lugar en que habíamos acordado en el Margot. Se apagaron las luces, comenzó la película y de inmediato nosotros también empezamos a protagonizar la nuestra. Luego de un largo suspiro me dice Alexandra, “que lindo es recordar esos momentos tan especiales que todas las chavalas que hoy tienen mi edad, tenemos de nuestros enamorados y novios”.

“A lo mejor si las cosas hubiesen transcurrido de otra manera, me hubiera casado con él, nos queríamos pero un día me di cuenta que tenía una chavala y que la había embarazado. Me dolió el alma, pero gracias a Dios apareció Mauricio en mi vida y él borró todo lo que sufrí cuando dejé a Armando. Me alegra que estos relatos de nuestras vivencias se recuerden por este medio, es sabroso y además estos recuerdos fueron parte de nuestras vidas, y traerlas a nuestra memoria después de 50 años es bien sabroso”.

Así fueron los matiné, amores escondidos, besos robados y muchos recuerdos de una adolescencia llena de alegría y mucho entusiasmo.

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