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Las Purísimas de ayer, ¿eran mejores?

*Un punto de comparación con las modernas

Por Bosco León Báez
LA CALLE

“Echémosle mielita, la mejor y última Gritería que hemos tenido los managuas, fue la del año del terremoto, las que han venido de ese tiempo para acá, son buenas, pero nunca mejores que las de antes del terremoto”.

Con esta firme declaración y hasta ofreciendo una apuesta, Alfredo Zapata desafió a una rueda de viejos amigos, que no tuvieron la dicha de conocer nuestra Managua de antes del 72 y menos disfrutar de una hermosa y bella Gritería.

Alfredo es un defensor espartano de la Managua de hace casi 48 años. “Lo que pasa es que ustedes, dice dirigiéndose a unos adultos parientes de su esposa, los cuales tenían entre 38 y 42 años, como nunca han visto una iglesia, en cualquier horno se persignan. La celebración de la Gritería en aquellos años, cuando éramos cipotes, íbamos acompañados de nuestros padres. Cuando ya teníamos unos 13 años, salíamos una pandilla de chavalos del barrio a gritar”.

“Los altares eran sencillos pero preciosos. Adornados con flores de madroño, pascua y pastoras. Se pueden imaginar, el aroma del madroño volaba en una cuadra donde habían más de 6 Purísimas. Ahora le ponen flores de plástico a la Virgen. Nos trasladábamos de barrio en barrio y aquí estamos contando el cuento. Ahora no pueden ir a otro lugar que no sea donde viven, ya que, si van a otro barrio o colonia, les pueden robar o no son bien recibidos por los chavalos de esos lugares”.

“Antes salíamos también con chavalas del barrio a gritar. Cargábamos además de un par de salbeques para guardar lo que nos daban en cada Purísima, la novena de la Virgen, para cantar a pulmón batiente con mucha fe y amor sus canciones. Ahora, solo saben decir “¿Quién causa tanta alegría?” y de inmediato meten la mano para que les den. En aquellos años cuando eran las 9 de la noche nosotros andábamos los salbeques llenísimos de cañas, matracas, gofios, huevos chimbos, limones con su banderita, indios, bolsas de chicha y sobre todos roncos de tanto gritar literalmente”.

“Ahora todo lo que dan es puro plástico. He visto en años anteriores, sigue diciendo Alfredo, cuando les dan un pedazo de caña, se arrechan y además dicen que esa Purísima estaba pobre, es que ahora quieren manzanas. En el mercado de Masaya, todos los años abundan los chischiles, gofios, matracas y todo lo que realmente se entregaba en aquellos años. Ya no digamos la pólvora que se tiraba en esos tiempos. La Caimana vendía miles de cohetes, cargas cerradas, toros encohetados. El cielo se teñía de humo de pólvora”.

“Otro invento el cual salió en la década de los 80, fue cuando el gobierno de turno, para tener al pueblo controlado, decidieron poner altares de la Purísima en la avenida Bolívar. Tremenda caballada. Ahí hacían proselitismo político, anunciando que en los altares del “gobierno”, entregarían paquetes de comida. La gente que tenía problemas económicos y con una prole numerosa, llegaban desde tempranas horas de la mañana a los altares para tener buen lugar y agarrar su paquete de comida”.

“¿Dónde estaba la tradición de salir a cantar a la Virgen el 7 de diciembre? Esos que estaban en la fila no cantaban, más bien había pleitos por los lugares. Los pobres chavalitos se asoleaban todo el día, hasta que pasadita las 6 de la tarde, se aparecían los dueños de estos altares, orgullosos y fachentos, como si esos paquetes que iban a entregar, los hubiera comprados con sus reales. Eso era una burla, jugaban con el hambre de esos necesitados. Hace poco leía en un medio, que es una tradición del pueblo de Managua, ir a recorrer los altares que instala el gobierno en la Bolívar. Eso no es tradición, eso es pan y circo, no tienen ni idea de lo que es realmente una tradición religiosa y sagrada como la “Gritería”.

“Se dan cuenta les dice con una mirada de arrecho Alfredo a los parientes de su esposa, no quieran inventar el agua helada, esa ya se inventó hace mil años. Fue nuestra generación la de los 60 y 70, los que realmente celebrábamos con fe, amor y tradición religiosa, la Gritería. Esto es la pura verdad.

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