Crímenes Managua

Las sangrientas noches de los “pelones” en la Conga Roja

*Un antro ineludible de la vieja Managua

*Un episodio que competía con otros lupanares como el Cuarto Bate o los Ojos Pardos

Por Bosco León Báez
La Calle

La Conga Roja tenía dos noches al mes que eran un verdadero suplicio para los vecinos de este famoso e ineludible antro de la Vieja Managua: Los días de los “Pelones”, todos miembros del “Batallón General Anastacio Somoza G”.

La mayoría de los “pelones”, como les decían a los recién ingresados a la Guardia Nacional, eran semi analfabetas, procedían del campo y trataban de cambiar de vida ingresando a la GN. Las trabajadoras sexuales de la Conga roja sufrían cuando la ola de pelones llegaba al lugar, menos mal que sólo eran dos días al mes.

“Cuando vienen estos pelones el día de pago vienen sueltos como animales. Estos son los que arman los pleitos y corren a los clientes”, dijo una vez a un diario nacional, una de las prostitutas del emblemático lugar.

Lo más temible era cuando se emborrachaban y alguna de las mujeres se negaba a tener relaciones sexuales o bailar una pieza con alguno de ellos. En la penumbra solo se miraba estallar el brillo y las luces de las bayonetas, para amenazarlas de muerte si no cumplía con sus deseos.

Los guarditas no solo visitaban a la Conga Roja sino que invadían a otros prostíbulos cercanos como el Cuarto Bate, Veracruz y Ojos Pardos. Estos lupanares tenían la fama de que todo el tiempo había pleitos entre los parroquianos y la sangre corría a mares.

Sin embargo, los escándalos aumentaron con la llegada de los pelones, al punto que como en los tiempos del lejano oeste, la “ley” eran las bayonetas, porque les “prohibían” salir armados del Batallón.

Era fijo que al día siguiente de las visitas de los GN las radioemisoras y los diarios se llenaban denotas rojas relatando los actos de violencia.

Para que tengan una idea, las visitas de los pelones se hacían en grupos -sin organización para ello- de unos 80 efectivos. Por eso los prostíbulos se llenaban esos días y ocurrían escándalos tras escándalos. Para salir de día libre vestían en traje de civil, pero sus bayonetas las cargaban en el cinto. Cualquier enredo con uno de estos pelones, era seguro el pleito y la sangre corría. En muchas ocasiones se peleaban entre ellos mismos y en otras ocasiones con visitantes de estos lugares que no aguantaban la jodedera de estos.

La batalla en el Cuarto Bate

En agosto de 1968, ocurrió una de las famosas y épicas batallas entre tres pelones y dos visitantes del Cuarto Bate. Según la información publicadas por los medios, un grupo de alistados estaba bien borracho y a uno de ellos se le ocurrió sacar a bailar a una prostituta del local. La joven estaba sentada en una mesa con un par de hombres. La mujer se negó a la solicitud del guardia y éste enojado sacó la bayoneta amenazándola con matarla si no bailaba con él.

Uno de los que estaba sentado con la hetaira, que también estaba picado, le dijo que no siguiera jodiendo, que se fuera a su mesa. El pelón lo quedó viendo y se retiró dónde estaban sus otros amigos. Minutos más tarde se levantaron los tres efectivos y blandiendo sus bayonetas retaron a los dos hombres para solucionar sus problemas.

Uno de los hombres que estaba sentado con la fémina, les dijo que ellos no tenían problema alguno con ellos, pero ante la insistencia de los pelones, la paciencia se le agotó a uno de ellos que les dijo: “dejá de joder, vámonos a la calle”. Los pelones y los dos hombres salieron, no habían caminado ni 20 metros, cuando el hombre el que había sido desafiado por uno de los guardias, sacó una pistola calibre 38 y sin mediar palabra le pegó dos tiros. Los otros pelones quisieron irse contra éste, pero fue alcanzado por el siguiente disparo, cayendo ambos muertos en el acto.

Los hombres huyeron del lugar. La policía al presentarse al sitio del crimen inició la búsqueda de los dos homicidas. Nunca encontraron a los hechores.

El sangriento suceso mantuvo en calma a la Conga y sus vecinos por unos meses, la clientela habitual de estos lugares buscó otro lugar por el miedo a otra balacera.

El terremoto de 1972, acabó definitivamente con estos prostíbulos que se ubicaban a media cuadra al lago de lo que fue una vez, el cine México. El Cuarto Bate, La Conga Roja, Ojos Pardos, hoy son solo recuerdos de lo que fueron hace 47 años los célebres prostíbulos de Managua.

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