Managua Reportaje

Las pensiones más famosas de la Managua de los 70

*Decenas de prostitutas murieron en estas la noche del 23 de diciembre de 1972

Arriba, imagen de la Avenida Roosevelt, en la intersección de la calle 15 de Septiembre. A la derecha, el recordado y muy visitado salón cervecero, Jardín Central. 

Por Bosco León Báez
LA CALLE

Las “pensiones” y los pequeños “hoteles” de los barrios de la Managua de antes del terremoto de 1972 cumplían una enorme función social. Hoy en día serían lo que conocemos como “moteles”. La diferencia de las pensiones y los pequeños hoteles de antes es que en las afueras de estos lugares había prostitutas ofreciendo sus servicios. Ellas caminaban sobre la acera de la cuadra esperando a los clientes.

En la calle Momotombo estaba la “Pensión Oriental”, y esa misma calle, dos cuadras abajo estaban el Hotel Primavera y el Hotel Michigan.  En la bajada de la “Chispa”, y, frente a la estación del ferrocarril había otras cinco pensiones, la más popular y famosa en ese tiempo fue la “Pecera Náutica”.

En la pensión solían alojarse pequeños comerciantes que venían a la capital en el tren del Ferrocarril del Pacífico de Nicaragua (FC del P de N) a realizar compras para sus pequeños negocios en el interior del país. También regresaban en sus vagones cómodos.

Las pensiones de la “Bajada de la Chispa”, frente a la estación, eran las más escandalosas. Quienes llegaban a pernoctar una noche por lo general se instalaban a beber guaro con las prostitutas del lugar. Muchos de quienes vivieron en la zona recuerdan anécdotas sobre las bebederas de guaro lija. Una de las más recordadas es de Francisco Chico Granados, quien tenía una cantina en La Chispa y un pulpero que vivía en una comarca de La Paz Centro, “La Ceiba Mocha”, que también era estación del ferrocarril.

Chico Granados, recordaba años antes de morir, que el pulpero llegó a Managua en uno de sus viajes a realizar compras para su negocio, y en especial para comprar el vestido que usaría la mayor de sus hijas en su primera comunión, que se llevaría a efecto el 8 de diciembre de ese año. Como a las cuatro de la tarde este pulpero se instaló a tomar guaro en la Pecera Náutica con un par de muchachas cuyo centro de operaciones era esa pensión.

Como a las ocho de la noche, el visitante salió con las dos mujeres rumbo al Malecón, en donde estaban instalados los juegos mecánicos, las ruletas y los chinamos, por la cercanía de diciembre. Casi a la media noche, el pulpero regresó bien borracho a la pensión a retirar las compras que había hecho y se las llevó. A las diez de la mañana del día siguiente el hombre entró a la pensión para recoger sus cosas y regresar en el tren del mediodía a su pueblo.

Pero, se llevó un gran susto al encontrar vacío el cuarto sus compras habían desaparecido. Fue a la estación de policía y presentó la denuncia, cuando los agentes interrogaron a sus compañeras de guaro, ellas relataron que no se acordaban de nada, “andábamos bien borrachas”, confesaron. El comerciante y los policías fueron al malecón y nadie sabía nada. El hombre entró en un llanto de arrepentimiento diciendo que había perdido más de $900 pesos en mercadería y el vestido de su hija para la comunión.

Uno de los recuerdos que conservo muy bien en mi vieja memoria fue cuando en la mañanita siguiente del terremoto del 23 de diciembre, unos vecinos de la pensión Oriental, nos llegaron a contar que esta había caído por completo y que las mujeres que ahí pernoctaban quedaron enterradas. Al llegar nos asustamos de ver que estábamos sobre las tejas de la vieja pensión. Nos pusimos a quitar los escombros para ver si podíamos sacar a alguna de ellas con vida.

Una hora después, encontramos el cuerpo de Gloria, una mujer joven, gorda, que era la jefa de las prostitutas que ahí laboraban. También dimos con los cuerpos de otras tres mujeres que murieron soterradas al caerles encima la vieja casona.

Las féminas tuvieron la oportunidad, al menos, de ser sepultadas por sus deudos, no así los hombres que habían fallecido en el lugar porque nadie los conocía, ninguno era de los barrios aledaños, sus familiares nunca se enteraron en donde quedaron sus restos.

En la Pecera Náutica murieron unas 16 personas, nueve de ellas eran las prostitutas que ahí ejercían su negocio. También había hombres de los que nadie supo quiénes eran ni dónde vivían. Todos estos al igual que miles de managuas quedaron enterrados en las fosas comunes que en esos días se abrieron para sepultar a los desconocidos.

En nuestra próxima entrega, vendedoras de comida en las afueras del edificio de la Lotería.

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