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La Sebastiana: uno los homosexuales más famosos de la vieja Managua

*Historias sobre la Denisa, Alcides, Anita del Mar y otros

Por Bosco León Báez
LA CALLE

“Ser homosexual en los años 60 y 70, requería tener mucha “hombría”. Así empezamos una conversación sobre el tema con Miguel Urbina.

“Te digo esto debido a que en estos tiempos ser gay es normal, hay leyes que los protegen, tienen trabajos de acuerdo a sus capacidades profesionales y además son aceptados en la sociedad como a cualquiera otra persona. En cambio, los homosexuales que había en Managua, hace más de medio siglo, eran maltratados por la mayoría de la población. Se burlaban de ellos, los veían como animales raros, las iglesias tanto católicas como evangélicas ni siquiera los dejaban entrar a sus templos y para cerrar con broche de oro, eran perseguidos como delincuentes por la Guardia”, agrega.

“Yo nací del cine Luciérnaga una cuadra abajo y media al lago. Pegado a mi casa vivía Denis Avilés. Denis era mayor que yo, como unos ocho años, y en el barrio tenía el apodo de “la Denisa”. Era alto y flaco, a las cinco de la tarde instalaba una enorme fritanga muy famosa en los barrios aledaños. Cuando los chavalos de otros barrios nos querían echar la vaca, Denis, era el que salía a defendernos. Fue buenísimo a los golpes”, recuerda Urbina.

“Denis atendía su negocio con otro homosexual de nombre Alcides. Una noche llegaron tres hombres a cenar a la fritanga, los comensales andaban con sus tragos, pero no borrachos. Luego de cenar, Alcides les llegó a cobrar y uno de ellos el que se la daba del más bravo, le dijo:

-“Querés que te pague de nuevo cochón, me querés robar”.

Al escuchar esto, Denis fue donde el hombre y le dijo:

-“No has pagado, por favor págame”.

El cliente se levantó diciéndole a Denis:

-“Ajá, y si no te pago, ¿me vas a verguear?”

Denis se quitó el delantal de pechera y se lo entregó Alcides, pero éste quiso detenerlo.

“El hombre le lanzó un golpe que Denis esquivó, para luego dejarle ir una serenata de pijazos al bujón y a los otros dos. Luego lo tomó del pescuezo diciéndole:

-“Me pagas o te vuelvo a dar”.

“En el acto el hombre sacó los reales y le pagó. Los más bravos a los golpes en mi barrio, respetaban a Denis, sabían que, si le hacían un mate, Denis los partía”.

“De mi barrio también es la “Anita del Mar”. Su nombre era Alfredo, medía más de seis pies y era flaco. Laboró varios años en el Hospital El Retiro como camillero y aprendió a poner inyecciones y suero. Salía de su casa todas las mañanas con una cajita de acero donde llevaba las jeringas. Fue muy famoso en los barrios vecinos, tenía una gran clientela ya que todos decían que no se le sentía la mano (al inyectar). Caminaba en chinelas, que hacía sonar fuerte, al punto que podías escuchar el chancleteo de estas a la cuadra. Los chavalos de los barrios lo jodían pero él nunca se enojó, más bien hacía chile de lo que le decían”, cuenta Miguel.

También recuerda que “el Chele Laínez, lo jodía y la Anita le contestaba: “vos estás arrecho porque no me acuesto con vos, ya quisieras estar una noche conmigo”. La jodedera de los demás chavalos dejaba colorado al Chele”.

La Sebastiana

Para hablarnos de Gabriel de Jesús Quezada, “La Sebastiana”, recurrí a doña Raquel Bustamante, quien conoció cuando ella era muy joven al legendario gay.

“Mi abuelita Teresa tenía un tramo en el mercado San Miguel. A un lado del tramo se ponía una señora a vender refrescos de cacao y cebada. Le ayudaba su hijo el cual era bien bonito. Sus ojos eran azules, delgado y bien blanco. La mamá le contaba a mi abuelita que cuando nació parecía Niño Dios, de tan bonito, por eso le puso de segundo nombre Jesús”.

“El chavalo le ayudó a su madre siendo casi un niño, me contaba mi abuelita. Se ponía un delantal y en una bandeja salía a vender los frescos que hacía su mamá. Todos los comerciantes del mercado empezaron a notar que el muchacho no era como los otros de su edad, y lo llamaban Sebastián, ya que su madre le celebraba con bombos y platillos su cumpleaños el 20 de enero. Cuando Gabriel se tiró al ruedo, se puso “Sebastiana”.

En nuestra próxima edición, continuamos con anécdotas de La Sebastiana y otros gay famosos de la vieja Managua.

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