Archivo Managua

La vieja Managua: El feudo del Cabo Tajona

*Un personaje de la vieja Managua que rondaba siempre el barrio Cristo del Rosario

Bosco León Báez
LA CALLE

La Capitanía de Managua fue, desde finales de los años 30, la oficina que extendía los permisos del zarpe a las pequeñas embarcaciones que surcaban las aguas del lago Xolotlán casi siempre rumbo a San Francisco del Carnicero, al otro lado de la capital.

El despacho estuvo ubicado del costado este de la Catedral de Managua, tres cuadras al lago. Contaba con tres celdas que casi siempre estaban llenas de “bazuqueros” y ladroncitos de poca monta. El rey de este feudo era el “Cabo Tajona”, quien adquirió el alias debido a que en su cinto cargaba una enorme tajona hecha con una varilla de hierro forrada con cuero crudo.

Los límites territoriales donde “El Cabo” ejercía su reinado a pesar de que los viajes en el lago habían finalizado a mediados de los 60 llegaban, al este hasta el parque Bartolomé de Las Casas. Hacia el oeste hasta el barrio Cristo del Rosario, hacia el sur los barrios Santo Domingo y San Antonio. Su obesa figura la acomodaba en su recorrido en una “zaranda”, donde lo escoltaban tres alistados de la guardia. Tajona que era un viejo “guardión”, semi analfabeta, que se sentaba en un viejo escritorio a firmar las órdenes de libertad de los presos que ahí guardaba, tras las súplicas de los familiares y además el pago de una multa inventada por él.

Fue el terror de los chavalos de los barrios antes mencionados. En mi barrio llegaba al cuadro improvisado que teníamos en las afueras de la Colonia Dambach en la zaranda a intentar llevarnos presos, cosa que nunca ocurrió debido a nuestra velocidad de arranque, pero si se nos olvidaba una manopla o un bate, se los llevaba tranquilamente. En el parque Candelaria pasaba revista a los lustradores, quienes a la diez de la mañana ya se habían tomado más de dos litros de guaro pelón, Dios guarde al que se le ponía malcriado porque lo llevaba preso a la Capitanía.

El Cabo Tajona protagonizó muchas anécdotas en que siempre hubo una mezcla de brutalidad y arrogancia. Héctor Navarrete cuenta que una mañana, en la parada que realizaba el tren que provenía de Granada y Masaya, frente al hoy INCEI, y en donde descargaban cientos de canastos de frutas y verduras de las “marchantas” muchos de estos se quedaron en la línea férrea debido a que la dueña de uno de estos canastos, se había cruzado a comprar un refresco en el mesón de Candelaria.

Para desgracia de esta humilde mujer, apareció de la nada el cabo gritando y golpeando con la tajona las verduras y frutas que el canasto cargaba. Al enterarse, la dueña fue al lugar donde estaba su mercadería y al ver que el cabo golpeando como enemigo a los tomates y a los melones, la mujer enardecida le gritó:

-“Qué es la mierda con el canasto hijo de la gran p…”

El cabo la volvió a ver y le dijo que iba presa por faltarle el respeto a la autoridad.

-“La que va ir presa es tu madre hijo de p…”, le respondió la enojada vendedora.

La valiente mujer se puso frente al cabo quien al verla le ordenó a uno de los guardias que la montara en la zaranda. Al cabo se le olvidó que las mujeres trabajadoras son arrechas y esta al ver amenazada su modo de ganarse la vida, blandió un enorme cuchillo y le dijo:

-“A ver quién es el primero que se va a quedar sin huevos”.

Los guardias solo la quedaron viendo y a la orden del Cabo se montaron en la zaranda y se marcharon, no sin antes recibir abucheos y verbos al por mayor.

Con Agripito

El cantinero Agripito Ortega, un gran opositor a Somoza, vio entrar a su negocio al cabo Tajona y le dijo:

– “Por favor andante, aquí no son bienvenidos los guardias y somocistas, me pueden ensuciar mi negocio”.

-“Pero si andamos limpios”, le contestó el Cabo.

Agripito con una gran sonrisa le ripostó:

-“Ustedes los guardias además de malos, son brutos, cuando te digo que me ensuciás el negocio, es que ustedes andan chorreando sangre por los crímenes que cometen, ándate antes de que me arreche”.

El Cabo Tajona salió con sus escoltas, pero sin lograr entender lo que el cantinero le había expresado.

En nuestra próxima entrega, Lunita, otro personaje de la guardia.

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