Archivo Crímenes Managua

Ofelia confiesa cómo mató a sus tres hijos con un cuchillo

Concluye la zaga de este espantoso episodio de la Nicaragua de los años 70

• Pedro Selva, el Bambino nicaragüense, fue liberado y éste dijo que no acusaría a la asesina de su hijo

• Traña confiesa a la Policía la terrible noche en que cometió una masacre para olvidar

VA. ENTREGA Y FINAL

Bosco León Báez / La Calle

“Ese día ya no aguanté. Comencé con la niña de en medio… luego la otra… y luego el niño. Quiero morir, quiero morir, quiero estar con mis hijos”.

Con esta declaración ante los investigadores de la Policía Nacional, la enfermera Ofelia Traña, la ex mujer del pelotero Pedro Selva, actual miembro del Salón de la Fama, confesaba haber matado a sus tres hijos menores de edad, en una no- che de locura, de sangre y mucho dolor.

El Teniente Donald Rodríguez, el oficial a cargo de la investigación, estuvo acompañado en el interrogatorio del el Juez de lo Criminal, Armando Picado Jarquín. Por más de cuatro horas, el Teniente Rodríguez interrogó a Ofelia, hasta que finalmente confesó su horrendo crimen. Tenía en su contra muchas contradicciones en que había caído que no pudo sostener y menos aún guardar por más tiempo el terrible secreto. “Debido al estado de salud de Ofelia, nos llenamos de mucha paciencia para llegarle al corazón y además contarle que sus hijos habían muerto, cosa que ella no sabía”, comentó el policía.

Ofelia confesó que el 20 por la no- che no se podía dormir, caminaba de un lado a otro de la casa, “me tomé dos pastillas de Pacilán, pero no me dieron sueño. Me acosté pensando en la situación económica que en ese momento estaba atravesando, al pensar que mis hijos estaban enfermos, más la desesperación que me causaba haber querido matar a Pedro, me mantuvieron en zozobra hasta como a las dos de la mañana, me levanté, tiré la sábana a un lado y sal- té de la cama. Sentí como si se me había metido el diablo”, dijo.

“Las dos niñas y Pedrito dormían, los veía con el cuchillo en mi mano, primero me dirigí donde Doris, la mayorcita y le clavé el cuchillo en la garganta. Luego hice lo mismo con Lourdes y después con Pedrito. Para echarles la culpa a otros, agarré la tranca y la quebré. No sé de dónde tomé tantas fuerzas, me hundí el cuchillo en el abdomen, en la garganta y por último me herí la muñeca, al desangrarme me desmayé. Después no me acordé de nada hasta que desperté en el hospital”.

El Teniente Rodríguez y el Juez Picado, no entendían cómo les pudo meter el cuchillo a los tres niños sin que éstos gritaran o lloraran, a me- nos que estuvieran anestesiados, la conclusión de ambos funcionarios se vio reforzada por la aguja hipo- dérmica que habían encontrado en el dormitorio donde ocurrió la masacre. Para brindarle seguridad a Ofelia, el Juez ordenó que nadie, a excepción del personal médico, entrara al cuarto del hospital donde estaba internada Ofelia.

El Juez Picado les preguntó a los médicos del hospital, cómo había hecho Ofelia para enterrarles el cu- chillo a los niños sin que ellos gritaran. Uno de los doctores le contestó que Ofelia tenía muchos conocimientos médicos por los años que había laborado en el hospital, bien, dijo, pudo tomar la determinación de hundir el cuchillo en la garganta de sus hijos a la altura de la faringe, perforándoles la tráquea para impedir que gritaran. Otro doctor agregó que posiblemente Ofelia estaba esquizofrénica al momento de cometer el asesinato de sus hijos. El Teniente Rodríguez dijo que en sus años de servicio como investigador nunca había visto un crimen con características tan terribles. La mujer soltó el llanto mientras “nos estaba confesando su crimen. Creemos que ella nombrará a un abogado defensor para que se encargue de su defensa, el cual si lo pide lo tendrá”, declaró el Teniente GN a los periodistas.

Luego de las declaraciones de Ofelia, el Juez Picado ordenó la libertad inmediata de Pedro Selva. Cuan- do la sociedad conoció la verdad muchas personas se dirigieron a la casa de Selva para felicitarlo y algunos de sus amigos hablaban de organizar un homenaje al pelotero. Periodistas de diversos medios in- formativos llegaron a su casa y lo encontraron con su madre y su nueva pareja, Rosa María Gordon. Pedro declaró: “Yo siempre sostuve que era inocente, por el balazo que me propinó Ofelia, la muerte de mi niño, y los días que pasé en la cár- cel, me enfermaron aún más del corazón. Quiero que sepan que no voy a acusar a Ofelia por el asesinato de mi hijo, voy a ir a Managua a dar una conferencia de prensa para dejar bien claro este espantoso he- cho”, concluyó Pedro “el Bambino” Selva”.

En nuestra próxima edición, el asesinato de cuatro personas en una vieja cuartería en junio de 1972.

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