Un italiano y un cubano le dieron vuelta a Allegrett
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Un italiano y un cubano le dieron vuelta a Allegrett

Foto: Iván Allegret montando a un helicóptero de la Guardia Nacional que él pilotaba. 

*Historia poco conocida de uno de los personajes más temidos de la Guardia Nacional de los años 70

*Antonio Albo Giordano, socio en el nigth club Versalles, le dio vuelta a uno de leva

Por Bosco León Báez
LA CALLE

“¡Ladrón que roba a ladrón, tiene cien años de perdón”! Este refrán, muy conocido en el país, lo repetía y además riéndose a carcajadas luego de marcharse del país, el italiano, Antonio Albo Giordano, mejor conocido en el mundo de la mafia napolitana “La Camorra”, como Nino Albo.

Este singular y “angelical” personaje fue por más de cinco años, socio del Coronel GN Iván Allegret, en el night club “El Versalles”. Para conocer los detalles de los negocios de ambos personajes, Léster Narváez me consiguió una entrevista virtual con el señor Alberto Mendoza, quien reside en Virginia, Estados Unidos, y quien por cuatro años laboró como encargado de mantenimiento del recordado centro de diversiones.

“Ingresé a trabajar en el Versalles en 1968, debo de mencionarte que el centro nocturno, ese año fue considerado el mejor y más lujoso de Centroamérica”, cuenta don Alberto.

Nino Albo conoce a Allegret por medio del piloto cubano Amado Cantillo, quien tenía muchos años de amistad con Allegret. Cantillo estuvo al servicio del exdictador cubano Fulgencio Batista y su, el General Cantillo, tomó el poder luego de la huida de Batista. El general cubano cayó preso con el triunfo de la revolución. A su hijo, Amado Cantillo lo contrataron como mercenario en el Congo, siendo partícipe directo de las atrocidades ocurridas en este lugar.

Al finalizar su trabajo como mercenario, Cantillo, junto con Nino, se instalaron en Nicaragua. Ambos tuvieron mucha relación con la Oficina de Seguridad Nacional, la temible OSN de Somoza, y era un secreto a voces que ambos eran informadores y actuaban como espías para la oficina somocista.

Una vez instalado en el país y con ayuda económica de generales y coroneles de la GN, Nino y Cantillo inauguraron el casino “Pigalle”, cerca de los Trajes Gómez y luego fue trasladado a la calle Momotombo. En este lugar no duró mucho por los constantes escándalos, pleitos por apuestas o por faldas y hasta un herido de bala ocurrió por manosear a la mujer de un capitán de la Guardia, recuerda don Alberto. El negocio fue cerrado y vendido a la conocida empresaria Asunción Ortiz, quien lo reinstaló en la carretera Sur.

“Nino se fue a Honduras y yo me quedo trabajando con doña Asunción. Es en este país donde fue contratado como administrador de un casino llamado “El Versalles”, debido a que su dueño, un señor de apellido Githis, había fallecido. Allegret, con la ayuda de Guillermo “el Chato” Lang, quien era el jefe del Distrito Nacional, DN, construyeron en el parque Las Piedrecitas, el nuevo “El Versalles”.

“Cuando Cantillo se dio cuenta de que Allegret abriría el negocio llamó a Nino para que se viniera de Honduras. Una vez en el país y con la ayuda incondicional de los jefes de la Oficina de Seguridad, hablaron con Allegret para que le alquilara el local a Nino. Una vez hecha la transacción le puso “El Versalles”.

“Me acuerdo que fue todo un acontecimiento la inauguración, estaba repleto, vos veías a generales, coroneles, ministros, diputados y senadores, además de mucha gente de plata que les encantaba jugar. Tras un par de meses, El Versalles estaba en la cima y se mantenía repleto. Mi horario de trabajo y el de mis ayudantes era de las 4 de la tarde hasta las 12 de la noche, debido a que cualquier cosa que sucediera en el edificio nosotros estuviéramos listos para repararlo. Me acuerdo una noche en que un cliente con sus tragos se pegó mucho al tomacorriente de una lámpara, provocó un cortocircuito y se fue la luz en la zona en donde estaban las ruletas Montecarlo. ¡Vieras visto el alboroto que se armó hasta que reparamos el corto y todo volvió a su normalidad!”

“A Nino le gustaba vestirse con lo mejor, vivía en una quinta que alquilaba contiguo a la gasolinera que estaba en el empalme de la carretera vieja a León. Una vez fui a su casa a hacerle unas instalaciones eléctricas nuevas para un par de refrigeradoras que tenía. Fue un gran jugador de la ruleta Montecarlo y los dados, tomaba tragos dobles de whiskey, y le encantaban las mujeres. Él se iba a jugar a un casino conocido como “El Chicote”. Aquí llegó a ganar más de cien mil pesos en una noche, en esos tiempos esa cantidad era un cerro de plata más de 14 mil dólares”.

En nuestra próxima edición, como huye Nino y Cantillo de Nicaragua y los personajes que perdieron hasta sus propiedades en una mesa de dados.

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