En Ocotal cambió la historia y la estrategia de la guerra moderna
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En Ocotal cambió la historia y la estrategia de la guerra moderna

  • Los partes oficiales del Capitán Hatfield que describen las humillantes derrotas del general Sandino en Ocotal
  • Informes aseguran que el cadáver del general Rufo Marín fue llevado en una carreta y cruzó la plaza frente a los marines en Ocotal
  • ¿Cuál es la verdad? ¿La de los partes de Sandino o las de los Marines de los Estados Unidos?

Redacción Central
La Calle

(La historia registra que el General Augusto C. Sandino tuvo el 16 de julio de 1927, uno de los combates que cambiaron el rumbo de la historia de Nicaragua. En la batalla de Ocotal, que este año cumple 93 años, los historiadores y los relatores difieren. Para los historiadores militares del Ejército de Estados Unidos, esa batalla cambió la estrategia del uso de los aviones en apoyo a los combates. ¿Cuál es la verdad? Les presentamos dos versiones de un mismo hecho histórico).

Las desordenadas fuerzas de Sandino*

“El 16 de julio de 1927 el joven Augusto C. Sandino sobrevaloró sus fuerzas y efectuó un ataque al Ocotal. A la una de la mañana de ese día, llegó a orillas de la ciudad y se situó en el lugar llamado el Divisadero.

Posiblemente había programado un asalto por tratarse de un ataque a medianoche, pero sus tropas cuando llegaron al río que bordea el oriente de la población, detonaron una bomba y comenzó la algarabía de la tropa dando lugar con ésto para que las fuerzas de ocupación se preparasen en sus cuarteles para la defensa.

El parte militar dice así:

“A las 01.15 hora, el 16 de julio de 1927, un ataque contra la ciudad de Ocotal fue lanzado por las fuerzas de A. C. Sandino. El centinela en frente de los cuarteles vio un movimiento sospechoso en la calle un poco más allá del cuartel y se fue a investigar. Cuando se acercó fue atacado a balazos por cuatro hombres de la esquina de la calle una cuadra al oeste del cuartel. Regresó el fuego, tras lo cual tomó su posición de batalla”.

Sandino traía tal vez unos sesenta o cien militares y lo acompañaban algunos cuatrocientos de otros vecindarios pero no venían a combatir, sino atraídos por el posible saqueo de la ciudad. Al costado sur de la Iglesia existía una pequeña loma en donde emplazaron los atacantes una de sus ametralladoras pero de sur a norte estaba tendida una tropa que disparaba hacia el cuartel de la Casa de Alto, de modo que a ese cuartel disparaban los de la loma y los del costado oriente de la plaza de la Iglesia.

El parte militar dice así: “La calle en la que los cuarteles de la Infantería de Marina se encuentra fue barrida por fuego de ametralladora desde una posición en una colina de prolongación de la calle, y fue el fuego de esta arma que hirió al soldado Garrison”. En cuanto al estruendo de las ametralladoras, que se puede llamar fenomenal, incesantemente desde la 1 hasta las 5 de la mañana, pero de toda esa metralla solamente hubo de parte de los norteamericanos un muerto.

“Las tropas disparaban parapetados en el muro que circunda la Iglesia. La calle interceptando entre los cuarteles y los cuartos de los oficiales fue barrida por fuego de ametralladora desde la oficina del Jefe Político, y también por fuego amistoso de una ametralladora situada en la calle frente a los cuarteles de la Guardia Nacional, disparada por un Marino. Otro grupo que disparaba se situó en la esquina donde don Emilio Pagüaga, precisamente en esa esquina cayó Rufo Marín.

“A eso de las 10 de la mañana, los atacantes pensaron que podía obtenerse el rendimiento de los norteamericanos y enviaron a un joven llamado Rigoberto Quintanilla, con una bandera blanca, portando un mensaje diciendo que sabían que no tenían agua en el cuartel y que debían rendirse. La contestación dada inmediatamente fue que un marino con agua o sin ella, combatía hasta vencer o morir.

“A las 11 de la mañana vinieron, como de costumbre, dos aeroplanos que no aterrizaron porque se dieron cuenta de la grave situación en que se encontraban los cuarteles. Giraron rápidamente hacia Managua, para dar cuenta del ataque a la ciudad. Desde ese momento, tanto los atacantes como la población, quedaron en espera del regreso con más aviones de combate.

“Efectivamente, entre dos y tres de la tarde, sobrevoló una flotilla de cinco aviones. Cada avión llevaba bombas de fragmentación de 17 libras y dos ametralladoras  con 800 rondas de municiones. A esa hora comenzó el desbande de los atacantes y para la cinco de la tarde ya había cesado todo peligro para la ciudad.

(Historiadores militares consideran que este es el primer caso en la historia en que las fuerzas de tierra dirigidos por el Capitán Hatfield dirigieron un ataque aéreo contra las fuerzas opuestas de tierra).

“Al llegar las 6 de la tarde, el cielo se ha despejado después de una ligera tempestad. Un cortejo fúnebre precedido a poca distancia de una carreta tirada por bueyes, en que yacen hacinados cinco sanguinolentos cadáveres, entre ellos el de Rufo Marín, bajan la pendiente de la vía que conduce al cementerio. Las tropas de Sandino fueron a reorganizarse a San Fernando, en donde el 25 de julio las sorprendió el Mayor Floyd y murió un joven Jarquín y el alcalde del pueblo, don Bonifacio Herrera, saliendo herido de gravedad don Feliciano Guillén. De esa fecha en adelante hasta 1933, la historia de Nueva Segovia, mejor dicho los cinco departamentos del Norte vivieron seis años, en el desorden”.

*Archivo Nacional de los Estados Unidos. Segovia de Nicaragua Dr Emilio Gutiérrez. Arturo Mantilla Vallecillo. Edición: Segovia, Historia y Personajes.

El sitio de los cuarteles

Wikipedia

Una fuerza abrumadora de rebeldes liberales leales a Sandino toman el casco urbano de la ciudad reduciendo a la guarnición en los cuarteles, el ubicado al costado norte del parque central era defendido por 39 Infantes de Marina estadounidense y el otro por 48 Guardias Nacionales nicaragüenses leales al gobierno de Adolfo Díaz, estos últimos eran comandados por 2 Oficiales estadounidenses, el Teniente USMC (Capitán G. N.) Grover C. Darnall y Sargento USMC (Teniente G.N.) Thomas G. Bruce.

El objetivo primordial de los atacantes fue sitiar el cuartel de los Marines y el cuartel de los Guardias Nacionales acantonados en ellos. Estos eran aliados, con estructuras separadas pero operando en forma coordinada (además todavía era notorio la desconfianza de los Marines a los soldados nacionales). A esto se debe que en Ocotal existieran dos cuarteles, uno para Marines y otro para Guardias Nacionales.

Se combatió fuertemente. Las armas automáticas de los Marines y de la Guardia Nacional, hicieron estragos entre las fuerzas de Sandino, que pelearon con mucho coraje, pero sin técnica; con obediencia y arrojo, pero sin disciplina militar ni armamento moderno. Esto se puso de manifiesto, especialmente, cuando el Coronel Rufo Marín, a quien Sandino había encargado la operación de ataque, temerariamente intentó asaltar el cuartel de los Marines. Eran cerca de las 03:00 de la madrugada, Marín iba al frente de sus hombres y cayó muerto abatido por fuego de ametralladora cuando intentó un asalto audaz. Esta ametralladora era accionada por el Sargento USMC (Teniente G.N.) Bruce ayudado por un Guardia Nacional nicaragüense.

A las 6:00 A.M., en pleno combate, el Teniente G.N. Bruce, ordenó al corneta Justo Pastor Castillo, Raso G.N. #124, que hiciera el toque reglamentario para izar el pabellón nacional de Nicaragua. Castillo cumplió la orden bajo una lluvia de balas, hizo el toque e izó la bandera junto con Reynaldo Rodríguez, Raso G.N. #146.

Breve alto al fuego

A las 8:10 de la mañana se hizo un alto al combate cuando el telegrafista Rigoberto Quintanilla, portando una bandera blanca, se acercó al Cuartel de la Guardia Nacional e hizo entrega de dos mensajes: uno del propio Sandino y otro de su Jefe de Estado Mayor, Coronel Porfirio Sánchez.

Ambas notas fueron llevadas al Capitán USMC Gilbert D. Hatfield. Las notas pedían la rendición de los Marines y Guardias Nacionales en un plazo de una hora “o la ciudad sería arrasada por las llamas; y los Marines y Guardias Nacionales caerían bajo una lluvia de balas.”

Hatfield respondió inmediatamente que “Con agua o sin agua, los Marines no sabían lo que era rendirse y que abrirán fuego nuevamente, una vez que el parlamento haya doblado la esquina.”

En efecto el fuego se hizo más intenso por ambos bandos. La defensa de los cuarteles es sostenida mientras los rebeldes lanzan varios asaltos con resultados infructuosos.

Bombardeo aéreo

A las 10:15 de la mañana aparecieron sobre Ocotal dos aviones estadounidenses en patrullaje rutinario. Uno de ellos piloteado por el Teniente USMC Hayne D. Boyden apodado “El loco Boy-den” (The Crazy Boy-den), quien intentó aterrizar en la pista dinamitada, pero fue recibido por una lluvia de balas que le obligaron a remontar el vuelo. El otro aeroplano era piloteado por el Sargento de Artillería USMC Michael Wodarczyk apodado “El caballo de guerra polaco” (The Polish warhorse)​ que se mantuvo volando en círculos sobre el cuartel, leyendo los mensajes escritos en una sábana desplegada en el patio del cuartel de los Marines, informándose de la gravedad de la situación.

Wodarczyc se quedó patrullando sobre los cielos de Ocotal, disparando sus ametralladoras contra las posiciones rebeldes, mientras Boyden voló de regreso a Managua, llevando la información.

La población civil de Ocotal pidió al Jefe Político de la ciudad, Arnoldo Ramírez Abaúnza, que intercediera ante el General Sandino para que se retirara, porque era inminente la llegada de refuerzos aéreos y se temía que bombardearan la ciudad y la incendiaran como había ocurrido con la ciudad de Chinandega seis meses antes. Ramírez Abaúnza habló con Sandino explicándole que el pánico se había apoderado de la población, pero Sandino se negó a retirar sus tropas y continuó el asedio.

A las 12:15 p.m. Boyden aterrizó su biplano en Managua e hizo un reporte completo al Mayor USMC Ross E. Rowell apodado Rusty, comandante del escuadrón aéreo VO-1M del USMC.

Era la oportunidad que Rowell había estado esperando desde su llegada a Nicaragua. En realidad su presencia en Nicaragua tenía como única razón utilizar y ensayar una nueva arma aérea, y efectivamente iba a ser probada en combate real en la ciudad de Ocotal, contra los soldados de Sandino.

En menos de una hora despegó de Managua el escuadrón de cinco aviones DeHaviland DH-4, con su carga completa de bombas y municiones para las ametralladoras.

El escuadrón de la Fuerza Aérea de la Infantería de Marina llevó como líder de la primera misión aérea, al propio Mayor Rowell.

A las 02:35 de la tarde, por primera vez en la historia de todas las guerras, en cualquier parte del mundo, una cuadrilla de 5 aviones bombarderos atacaron una ciudad desde el aire en un bombardeo masivo y coordinado.

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