¿Mataron a los niños de Pedro Selva con una aguja?
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¿Mataron a los niños de Pedro Selva con una aguja?

Imágenes dantescas del crimen de los hijos de Pedro Selva. A la izquierda, sus dos niñas, Lourdes y Doris Gutiérrez. Arriba a la derecha, el infante muerto y su pacha en el suelo. Abajo a la derecha, la madre de los niños cuando ingresaba al hospital.  

  • La masacre que terminó con la carrera del toletero más grande de todos los tiempos
  • La teoría de los dos hombres que llegaron a “matar” a la familia de parte de “Pedro Selva”

Por Bosco León Báez
La Calle

La noche del 20 de febrero de 1974, la vida transcurría con normalidad en la humilde vivienda del barrio del Hospital en que habitaba el destacado jugador de béisbol Pedro Selva, su compañera de vida Ofelia Traña, y los tres hijos menores a cargo de la pareja: Doris Gutiérrez de 11 años, Lourdes 9, y el varoncito Pedrito Selva de 40 días de nacido. Las dos niñas eran hijas de Ofelia de su primer matrimonio y el niño era de Pedro Selva.

Julia Traña, hermana de Ofelia, llegó a la casa de Selva a eso de las cinco y media de la mañana, para cuidar a los menores, ya que Ofelia tenía una cita en el Hospital Regional de Carazo. Al ingresar a la vivienda, ésta se llevó el susto más grande de su vida al encontrar los cuerpos de las niñas sobre una cama totalmente ensangrentados y el del niño acostado en una camita también llena de sangre.

Ofelia, la madre de los menores yacía sobre un charco de sangre, mientras se debatía entre la vida y la muerte. La madre fue llevada de urgencia al hospital en donde con mucha dificultad balbuceó algunas palabras y acusó a Pedro Selva de haber cometido la masacre.

Una vez en el hospital, el laboratorista Manuel Fuentes y la enfermera María Luisa Rodríguez de López, declararon que la señora Traña había dicho que dos hombres altos y peludos habían llegado a su casa y rompieron la puerta para entrar.

Los hombres le dijeron que llegaban en nombre de Pedro Selva y que la matarían, “luego hicieron lo que quisieron”. Traña dio esta versión antes de ser llevada al quirófano en donde el Dr. Edmundo Quintanilla le practicó una traqueotomía, se le suministró sangre e intervino quirúrgicamente. Las heridas de Traña eran: dos en la garganta, un filazo debajo del ombligo y dos heridas más en el brazo izquierdo. Los niños estaban tan desangrados que no se pudo determinar el número de heridas que tenían.

Pedro Selva, quien semanas atrás había sufrido un atentado de parte de Ofelia, se entregó al Comandante de Jinotepe, temprano por la mañana, y alegó su inocencia.

Dijo que era ridículo que hubiese personas que llegaran a matar a alguien diciendo de parte de quien iban. Mientras tanto, la Policía de Jinotepe destacó a seis alistados y al Teniente Eseven Lambert para que iniciara las investigaciones del espantoso crimen. La enfermera María Elena Suárez dijo a uno de los investigadores que en la casa de Traña había encontrado una aguja hipodérmica con manchas de sangre. Este hallazgo fue vinculado a que los niños presentaban unos agujeros pequeños en el cuello, motivo por el cual se presumía que habían sido asesinados con esa aguja.

La pequeña vivienda donde ocurrieron los hechos pronto se llenó de curiosos, que fueron desalojados por efectivos de la Guardia Nacional, para preservar la escena de posibles huellas dejadas por los asesinos. La conmoción en el barrio era inédita, jamás había ocurrido un acto criminal semejante sobre todo en tres criaturas.

La madre del pelotero, quien se encontraba en las afueras del comando de Jinotepe, dijo que ella nunca había aprobado la relación de su hijo con Ofelia. “Pedro está casado civil y eclesiásticamente con otra mujer, quien le tiene tres hijos y también vive en Jinotepe. Ni desde que Pedro inició esta relación con Ofelia fue feliz. La conoció cuando mi hijo tuvo un accidente y se le quebró la uña de uno de sus pies”, comentó la madre del pelotero.

Mientras tanto, el padre de las dos niñas, Juan Ignacio Gutiérrez Beteta, llegó a la casa en que fueron asesinadas sus hijas a retirar los cuerpos para llevarlos a la morgue. El crimen estaba envuelto en un total misterio ya que los vecinos dijeron no haber escuchado un solo ruido.

Un vecino que vivía contiguo a la casa de Ofelia, dijo que él despertó a las cuatro de la mañana y no escuchó el menor ruido. “Permanecí en la ventana que da a la calle leyendo y no noté nada que me llamara la atención”.

El médico forense confesó que el crimen había ocurrido como a las cinco de la mañana.

En nuestra próxima edición, inician las investigaciones del caso.

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