Managua tenía más de mil cantinas en los 70
Managua Reportaje

Managua tenía más de mil cantinas en los 70

  • El relato de un managua puro que nos hace un recorrido jocoso por las cantinas del antiguo centro de la capital

IIa. entrega
Bosco León Báez

Relato de un managua puro, don Luis Aráuz, a quien llamamos Wicho, fallecido recientemente. Estos relatos sobre las cantinas de la vieja Managua los hicimos mucho antes de su partida final. Les dejamos el segundo de la serie, vaya para él este homenaje.

Estoy seguro de que en la Managua de los años 70 había más de mil cantinas.

Cada barrio tenía, por lo menos, a 7 “ojos de agua”, pero lo más bonito de todas eran los nombres que le ponían.

En el barrio Santo Domingo, estaba la cantina de Marcos Ampié, conocido popularmente como el “Coto” Ampié, ya que le faltaba una de sus piernas. La Noche Criolla, en plena calle 15 de Septiembre. En el barrio Candelaria, y por su cercanía a la estación del tren había numerosas cantinas. Una que no fue cantina, pero si muy concurrida por grandes personajes, fue el “Petit Café”. Me acuerdo de algunos de sus asiduos visitantes como el famoso poeta Gonzalo Rivas Novoa, conocido como Ge Erre Ne. Este hizo un poemario que le puso por nombre “Morado”, en jodedera por el “Azul” de Rubén Darío. Los poemas eran sátiras de los de Rubén.

También llegaba a este “bar” Manolo Cuadra, Chepe Chico Borgen, entre los que me acuerdo.

Al establecimiento los picados como yo no podíamos entrar, ya que ellos eran intelectuales. Bajando hacia la estación en la propia esquina estaba la cantina de “La Chispa”. El nombre de la bajada lo adquiere por la cantina. Su dueño fue Germán Granados, quien llegaba mucho a la Voz de la América Central a hacer locución. Frente a la estación existían como ocho cantinas con mujeres (prostitutas), “visitadas” por los que llegaban a Managua en el tren. Otra cantina famosa fue de un gay, que le puso de nombre “La Pecera Náutica”.

Yendo hacia abajo y sobre la línea de tren estaba la “Brisa del Xolotlán”. Clase nombre, poético y hasta romántico. Era de suelo de tierra y el infaltable cajón con aserrín era hermoso, ya que el guaro era pesado y todos los que ahí bebimos teníamos que escupir debido a que te quedaba ardiendo el gaznate. Como a la cuadra abajo estaba “El Mamón” y “El Almendro”. Frente al costado norte de la catedral el famoso “Nilo Blanco”, a menos de media cuadra de la Colonia Murillo. Aquí te ponían una sopa de “conchas negras”, para levantar muertos. Indudablemente para tomarte una de estas sopas debías tener por lo menos un par de medias entre pecho y espalda.

Buscando donde hoy es el mercado Oriental, estaba el “Gato Abraham”. De esta cantina una al sur y dos abajo estaban las famosas sopas de los lunes de la “Familia Almendárez”. ¡Calidad de sopa! De mondongo, res, gallina con albóndigas, cualquiera de ellas era deliciosas. Para beber guaro rico y boca deliciosa era la cantina de “Chagüitillo”, a media cuadra abajo del mercado Bóer. Te ponían unas patas de chancho deliciosísimas. Una cantina muy famosa fue la de “Cachecho”. A esta cantina también llegaban poetas célebres de esa época, como Leonel Vanegas, Carlos Martínez Rivas y a otro que vi muchas veces fue a uno de apellido Robleto. Pasaban horas platicando y bebiendo.

“Sangre y Arena”: Otra cantina en plena calle 15 de Septiembre. Una hermana de mi esposa vivía a dos cuadras del lugar y en las cartas y telegramas ponía: “De Sangre y Arena, dos cuadras abajo y media al sur”. Era famosa.

La comidería de Chico Toval, también fue muy buena, ahí te servían solo guaro embotellado como la Santa Cecilia. El mejor de los cantineros fue “Pedro Tuco”. Quedaba a cuadra y media abajo del antiguo Hospital General. Este personaje no sabía ni leer ni escribir, pero las cuentas las llevaba exactas. Cuando vos te sentabas en una mesa, él te ponía una hoja de papel y cada trago te ponía una raya en color verde. Cuando terminabas de beber las contaba y te cobraba.

Ya ven han pasado casi 50 años y me acuerdo del nombre y direcciones de cantinas y burdeles, aunque no lo van a creer, hoy en día se me olvidaban la fecha de nacimiento de mis hijos y de mi mujer. Ella se arrechaba, pero la verdad es que nunca me acordé de eso.

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