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Los tres nicaragüenses héroes de República Dominicana

  • José Félix Córdoba Boniche sobrevivió a la invasión no así Juan Alberto Ramírez González y Alejandro Selva Cordero
  • La llamada “expedición de Luperón” ocurrió en junio de 1949 y pretendía acabar con la dictadura de Trujillo en República Dominicana
  • Egresados de la Academia Militar y miembros de la Legión del Caribe

Redacción Central
La Calle

La historia oficial de Nicaragua los ha ignorado desde hace más de 70 años, sin embargo, son héroes en la República Dominicana por haber participado, como miembros de la Legión del Caribe en la invasión de junio de 1949 que intentó derrocar al dictador Rafael Leónidas Trujillo Molina, quien condujo una dictadura de 30 años, la llamada Era del Trujillato, en la hermosa isla caribeña.

Juan Alberto Ramírez González, nacido en Jinotepe el 10 de julio de 1921, bachillerado en el Colegio Ramírez Goyena, en 1939, y egresado de la segunda promoción de la Academia Militar de Nicaragua; Alejandro Selva Cordero, nacido en León, estudió primaria y secundaria en Guatemala, estudió medicina y egresó luego de la Academia en la segunda promoción.

José Félix Córdoba Boniche, de quien se sabe poco, solo que los tres coincidieron en la Legión del Caribe y participaron en el intento de derrocamiento al dictador en la Expedición de Luperón.

Ramírez González y Selva Cordero murieron en los combates que siguieron al desembarco, mientras Córdoba Boniche fue capturado y enjuiciado, luego liberado por el “magnánimo” dictador.

Ignorados en Nicaragua, héroes en República Dominicana. Les entregamos un reportaje en ocasión de que el pasado 19 de junio se cumplió un aniversario de la Invasión de Luperón.

La expedición de Luperón de junio de 1949

Por Reynaldo R. Espinal
Acento

El 19 de junio de 1949, doce aguerridos apóstoles de la libertad, procedentes del lago Izabal, en Guatemala, a bordo del hidroavión “Catalina”, desembarcaron en la bahía de Luperón, Puerto Plata, República Dominicana, en una nueva hazaña que- aunque frustrada por el poderío militar de la dictadura trujillista- constituye otro de los capítulos más significativos y memorables en la larga lucha del pueblo dominicano por afianzar su dignidad y sus derechos.

Los expedicionarios de Luperón, constituían el contingente más pequeño, de los tres que inicialmente se habían conformado, bajo la dirección máxima del General Juan Rodríguez García (Juancito), comandante en jefe del ejército de liberación, el general de brigada Miguel Ángel Ramírez, jefe de estado mayor general y el coronel Horacio Julio Ornes Coiscou, quien fungiría como jefe de operaciones de la expedición.

En el plan insurreccional estaba previsto que el general Juan Rodríguez encabezaría el grupo más numeroso, de 37 combatientes, al que le seguiría en proporción numérica el que estaría dirigido por el general Ramírez Alcántara, integrado por 25. Debido a las inclemencias del tiempo y a complejos contratiempos experimentados tanto en Guatemala como en la base aérea de Cozumel, México, convenido como punto estratégico para el reabastecimiento de combustible, ambos grupos, los más numerosos, se vieron imposibilitados de cumplir su cometido.

Una flotilla de 7 aviones, por instrucciones del general Juan Rodríguez, había sido adquirida en México por su hijo José Horacio y el ex combatiente de la guerra civil española Alberto Bayo, a efectos de lo cual habían formado la compañía “Rutas Aéreas Mexicanas, Sociedad Anónima”, dando así carácter legal a la adquisición evitando sospechas que comprometieran la operación.

El avión Douglas DC-3, de matrícula XAHOS, uno de los siete, al agotársele el combustible, aterrizó el 20 de junio a las a las 8:00 p.m. en Cozumel, – territorio mexicano de Quintana Roo- siendo descubierto con gran cantidad de armas, acción que fue denunciada ante la Secretaria de la Defensa Nacional de México.

Otros dos quedarían atascados en las costas de Mérida, Yucatán, donde serían apresados seis de los jefes que también formarían parte de la expedición, a saber: Daniel Martí, Carlos Gutiérrez, Ignacio González, Ramón Rodríguez, José Horacio Rodríguez y el líder del grupo, el cubano Eufemio Fernández, enrolado en la operación y quien previamente había participado en el frustrado proyecto de Cayo Confites.

Arribaron en el Catalina, comandado por Horacio Julio Ornes, los dominicanos Tulio H. Arvelo, Federico Horacio Henríquez Vásquez (Gugú), José Rolando Martínez Bonilla, Héctor Miguel Ángel Arzeno (Miguelucho), Hugo Kundhart, Salvador Reyes Valdez y Manuel Calderón Salcedo; el costarricense Alfonso Leyton y los nicaragüenses Alejandro Selva, Alberto Ramírez y José Félix Córdova Boniche.

El plan insurreccional fue de conocimiento en detalles por la tiranía antes de producirse su materialización por infiltración de oficiales de la Guardia de Trujillo en los campamentos de los insurrectos.

En fracasado intento de la toma de Luperón, cuyo propósito entrañaba apoderarse de la estación telegráfica como forma de asegurar una comunicación efectiva, y en medio de la confusión reinante, resultó muerto Alfonso Leyton y mal heridos Hugo Kundhart y Alberto Ramírez, que en el acto debieron ser trasladados hasta el hidroavión, donde Salvador Reyes Valdez, estudiante de medicina en etapa avanzada, le prestaría los primeros auxilios médicos.

Horacio Julio ordena la retirada estratégica del hidroavión, pero al recibir adrede una información errónea para salir de la bahía, chocan con un banco de arena en el cual atascó sin que fuera posible su despegue a pesar de los ingentes esfuerzos desplegados.

Fue la ocasión propicia en que arribó el guardacostas No. 9, de la armada de Trujillo, comandado por el Alférez Armando Díaz y Díaz, quien disparando sus cañones contra el hidroavión lo convirtió en un montón de escombros. En el incendio fueron carbonizados Alfonso Leyton, ya cadáver, Hugo Kundhart, Alberto Ramírez y Salvador Reyes Valdez.

El nicaragüense Alejandro Selva y los tres norteamericanos miembros de la tripulación (el piloto J. W. Chewning, el copiloto Earl Aadams y el radio operador George R. Shruggs), resultarían fusilados por el régimen tres días después del arribo de la expedición.

Después de internarse en los montes, el día 22 fueron capturados Horacio Julio Ornes, José Félix Córdoba Boniche, nicaragüense; Tulio H. Arvelo, dominicano y Miguel Ángel Feliu Arzeno, dominicano, quien, en un caso de heroísmo singular en nuestros anales patrios, moriría diez años después en la gesta de junio de 1959.

El 21 de junio, dos días después de la expedición, Trujillo junto a su estado mayor, en imponente despliegue militar, se trasladaría hasta la comunidad de Luperón. Luego fue a la fortaleza San Luis junto al entonces Procurador General José Ernesto García Aybar y otros funcionarios para someter a interrogatorio a los apresados, que una semana después serían trasladados a la fortaleza Ozama para, posteriormente, ser sometidos a la farsa de un juicio que terminaría en condena y luego en la consabida amnistía que sería explotada nacional e internacional como expresión de la “inagotable magnanimidad” del tirano.

Así culminaría, para reencarnar diez años después, en los héroes de junio de 1959, la viril proeza de los adalides de Luperón, merecedores de ocupar sitial de gloria y honor en la memoria agradecida del pueblo dominicano.

Tulio H. Arvelo, expedicionario sobreviviente de Cayo Confites y Luperón, en sus “Memorias de un Expedicionario”, describe las hondas motivaciones patrióticas que animaban aquellos legionarios de nuestra libertad: “la convicción de que dentro de poco al fin pisaría tierra dominicana fusil en mano con el propósito de derrocar la tiranía trujillista no podía por menos que hacerme sentir como si estuviera a punto de colmar todas mis ambiciones”.

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