Archivo

El Chacal de Tacaniste murió a balazos

  • Al ver a la patrulla de la GN, Pompilio Ortega tomó su machete y les gritó: “Hijos de p… ¿qué es lo que quieren?”
  • La condena de un jurado integrado por tres mujeres y cuatro hombres
  • Su escape del Fortín de Acosasco y el final de un criminal frío y calculador

X entrega y final.
Por Bosco León Báez

El juicio contra Pompilio Ortega, “El Chacal de Tacaniste”, fue el viernes 29 de noviembre de 1957, no duró mucho tiempo. La sociedad ya lo había condenado moralmente desde que se conoció del triple crimen de los esposos Campos y de su nieta, en la hacienda El Ilam, en las serranillas del Crucero.

El Dr. Enrique Gutiérrez, Juez del Juzgado Primero del Crimen, y su secretario el Bachiller Tijerino, le preguntaron al Dr. Guerrero, abogado de oficio de Ortega, si tenía algún argumento que presentar a favor de su defendido.

Ante la respuesta negativa del abogado, el juez ordenó a los miembros del jurado de conciencia compuesto por cuatro hombres y tres mujeres que deliberaran en privado para dictar la sentencia definitiva. Media hora después el presidente del jurado le dijo al llegar a la sala: “Señor Juez está lista la sentencia, ¡culpable!”.

El lunes 20 de enero de 1958, el criminal fue llevado ante el Juez Primero del Crimen, Dr. Gutiérrez, para la lectura de la sentencia. Pompilio Ortega se puso de pie, al lado de su abogado, y el Juez leyó la sentencia condenándolo a 30 años de prisión, que cumpliría el 19 de septiembre de 1988.

La sentencia sería cumplida en la cárcel del Fortín de Acosasco, en León.

El criminal escuchó la resolución del jurado con la cabeza baja y al momento de escuchar los años de prisión se le salieron las lágrimas. De inmediato firmó y salió custodiado hacia León.

Una multitud de curiosos se encontraban en las afueras del juzgado esperando ver salir al asesino. Pero, no lo vieron debido a que iba trasladado en una de las “zarandas”, con destino a León.

Imán para la prensa

Los murmullos de los presentes eran que, en vez de echarlo preso, había que castigarlo con la pena de muerte.

Pompilio Ortega era de rasgos finos, según lo describieron los periodistas que dieron cobertura al proceso, “es un imán para los hombres de prensa, curiosos y también para las mujeres”, comentó un periodista radial que lo atribuyó al “color tenue de sus ojos”.

Meses después de la llegada a la cárcel de Acosasco, los periodistas leoneses informaron que Pompilio ya estaba sacando sus garras en el presidio. Su popularidad entre los criminales lo había impuesto como el cabecilla de la cárcel. En más de una ocasión lideró protestas pidiendo un mejor trato carcelario. Se veía, reportó un diario de circulación en León, “que era un hombre al cual los otros reos le tenían miedo, conociendo el crimen bochornoso que había cometido en contra de la familia Campos”.

El escape de Acosasco

En agosto de 1964, nueve prisioneros del Fortín de Acosasco, cada uno con condenas de más de 20 años por los delitos cometidos, entre ellos Pompilio Ortega, escaparon cortando varios barrotes de la celda en donde estaban ubicados. Patrullas de la guardia salieron en la búsqueda de los temibles asesinos. Se avisó a las secciones policiales del país, alertándolos de la fuga de los delincuentes.

Un año después, el 14 de agosto de 1965, patrullas de la Guardia Nacional, encontraron al Chacal de Tacaniste, en una hacienda de Tilapa, comarca del municipio de Achuapa en León, en donde trabajaba como ordeñador.

Al ver a la patrulla de la guardia, El Chacal tomó su machete y les gritó: “Hijos de p… ¿qué es lo que quieren?”, Ortega salió corriendo, tratando de internarse en unos cerros cerca de la hacienda, pero la patrulla de la guardia llevaba órdenes expresas de apresarlo vivo o muerto. Los guardias al ver que el criminal escapaba tomaron sus rifles Garand y le dispararon hasta que cayó muerto por el impacto de las balas.

Aún muerto Pompilio Ortega, “El Chacal de Tacaniste”, atrajo a multitudes de curiosos que llegaron al cuartel de la GN en León para ver el cuerpo sin vida del temido criminal, el que permaneció por varias horas en la plataforma de un camión de la Guardia.

Las autoridades anunciaron que si nadie reclamaba su cadáver sería donado para fines educativos a los alumnos de la Escuela de Medicina de la UNAN León. Sin embargo, tres días después se presentaron las hermanas de Ortega a reclamar el cadáver para sepultarlo en el cementerio de San Felipe de León.

En nuestra próxima edición iniciaremos el relato del crimen perpetrado contra los tres hijos menores del gran pelotero nacional Pedro Selva, hecho ocurrido en febrero de 1974.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *