Managua Reportaje

Wicho: Dueño de anécdotas, direcciones y la historia

  •  Luis Aráuz un célebre personaje de la vieja Managua
  • Murió el pasado 1 de junio y con La Calle siempre estuvo al cien

Por Bosco León Báez
LA CALLE

“No jodas Chinó, yo soy el que te cuento la mayoría de las anécdotas de las cantinas de la vieja Managua, para que la saqués en La Calle, y nunca me has invitado a una media”.

Así, con este reclamo tan fraterno, finalicé hace cuatro años una conversación con don Luis Aráuz, a quien llamamos Wicho, y como se le conocía frente a la Clínica Rodríguez, donde vivía en la Managua antes del terremoto.

Este trabajo es un pequeño homenaje para este hombre quien el primero de junio pasado falleció en Guatemala, en donde vivía desde el 2016. Y tiene razón, cuando necesitaba hacer un trabajo sobre anécdotas de cantinas, burdeles y estancos de la vieja Managua, Wicho era mi “Wikipedía” en vivo y directo.

Se marchó para siempre a los 92 años. Le debía este trabajo para agradecerle cuánto me ayudó a elaborar trabajos tan bonitos y llenos de muchas anécdotas para los lectores del Semanario La Calle.

Luis Aráuz fue amigo de mi padre, en 1957 llegó a trabajar como “Office Boy” a la Publicidad Cuadra Chamberlain, empresa para la que trabajó hasta el terremoto de 1972. Su pequeña vivienda cayó durante el sismo, muriendo sus dos hijos varones. Desde entonces fue a vivir a Chinandega, su ciudad natal.

“Conocí a lo mejorcito de los periodistas de las radios de Managua. Yo llevaba a cada radio y noticiero las pautas publicitarias que la agencia le enviaba a los dueños de medios”, decía muy orgulloso de su trabajo en ese tiempo.

Era tan famoso -me dijo en mi última conversación con él- que cuando salían los cheques los cheques de pago de la publicidad a los periodistas “yo se los llevaba ya sea a la radio o a los metederos que muchos de ellos tenían, yo se los conocía a todos. Muchos eran fachentos, bebían guaro en el Mandarín, ahí era caro. Pero una vez que les entregaba el cheque, me decían, “Wicho, quédate un rato con nosotros” y yo que era desganado me instalaba hasta que salía bien bolo”.

Una enciclopedia andante

-¿Wicho, todavía te acordás de los nombres de las cantinas de Managua?

-Claro, responde, si yo bebí guaro en casi todas ellas. Grabá bien todos los nombres que te voy a dar, voy a comenzar por el lado donde yo vivía en la calle 15 de Septiembre: El restaurante bar Tía Ana, cuyo local era pequeño, cuando mucho habían unas 10 mesas, pero tenía riquísimas bocas y las sopas eran levanta-muertos. Aquí trabajaba una mesera arrecha, una vez vi cuando un jodido que estaba picado la quiso tocar, hubieras visto a esa chaparra, lo agarró le metió dos derechazos que lo dejó acostado en el suelo, volvió a ver a sus amigos y les dijo, me pagan, lo levantan y se me van ya antes que me arreche de verdad”.

“Un poco más abajo estaba el Bar Los Caracoles. Ese bar, solo tenía meseros homosexuales. El jefe de ellos era un jodido alto y moreno y su nombre de combate era “Toña la negra”. Los tragos eran ricos pero solo bocas de pájaros ponía y cuando la dueña amanecía de buenas te daba frijoles molidos con queso rallado.

“Uno de los burdeles más famosos de Managua fue el de la “Engracia”. Estaba ubicado buscando la esquina hacia abajo. La Engracia, en ese tiempo tenía unos 40 años y era fachenta, para que te des una idea, fue una de las primeras en tener una camioneta pick up de doble cabina en la Managua de ese tiempo.

“De donde la Engracia media al sur estaba un burdel llamado “La vida en rosa”. Una cuadra abajo y media al sur de esta cantina se instaló el popular “Malinche”. Cerca de este nace “La Conga Roja”, tan famosa como el billete de a peso y el “Cuarto Bate”. Llegando al barrio Santo Domingo, estaba el “Nilo Blanco”. Este se hizo famoso porque Porfirio, su dueño, inventó la boca de “rusos en la nieve”. Cuando ya te habías comido unos tres platitos de esta boca, te agarraba una pedorrera que no era jugando, te podés imaginar -me decía Wicho- más de 20 jodidos tirándose pedos era horrible la tufalera”.

Descansa en paz, Wicho.

En nuestra próxima entrega seguiremos narrando los nombres de las cantinas y burdeles más famosos de la vieja Managua, contadas por Wicho.

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