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Las hermanas visitan al Chacal de Tacaniste: “La sangre de nos llama”

  • Pompilio Ortega rompió en llanto al verlas paradas frente a su celda
  • La mayor, Modesta, habló con los periodistas: “nos dimos cuenta por medio de una vecina que había escuchado que a Pompilio lo estaban acusando de haber asesinado…”

IX entrega
Por Bosco León Báez

Pompilio Ortega, autor del crimen de los esposos Campos y de la nieta de ambos, en la hacienda Ilma, en el Crucero (Managua, luego de confesarse con el Padre Donaldo Chávez Núñez fue avisado por el cabo de celda que tenía la visita de sus dos hermanas.

El asesino en vez de alegrarse soltó en llanto en su camarote y evitó darle la cara a sus hermanas. Las dos mujeres habían viajado desde Granada para estar con su hermano a quien tenían más de dos años de no verlo.

De los tres hermanos, abandonados por su padre cuando estaban pequeños para casarse con otra mujer, Modesta Ortega de Saravia, la mayor estaba casada, Jenny era la segunda y Pompilio el “cumiche”. Modesta conversó rápidamente con los periodistas. “Vean, nosotras somos sus hermanas, nos dimos cuenta por medio de una vecina que había escuchado que a Pompilio lo estaban acusando de haber asesinado a dos ancianos y a una muchacha”, declaró.

“Compramos los periódicos para constatar la noticia y cuando vimos la foto de él nos asustamos. Venimos porque los periódicos y las radios han hablado tanto de él, que nos dio pesar y por eso nos arriesgamos a venir. No tenemos mucho dinero, pero la sangre nos llama con un poco que ambas teníamos recogido venimos a ver si podemos pagarle un abogado, por lo menos para que tenga alguien que lo pueda asistir”, declaró la hermana mayor.

Las mujeres eran finas y simpáticas, Modesta, hablaba con los periodistas a pesar de la gran bulla que ocasionaban los presos en las celdas vecinas. “El poco dinero que traemos creemos que no nos servirá de mucho, pero aunque sea algo para que tal vez un abogado se quiera hacer cargo del caso de Pompilio. Si no podemos conseguir el abogado por falta de reales, tendríamos que ir donde nuestro padre, aunque sentimos que no nos va a ayudar. Mi papá dice que esto que le está pasando es porque es un imbécil, es por su culpa y de nadie más por lo que está aquí”.

“Hace mucho tiempo él (su padre) nos abandonó, luego de que muriera nuestra madre Carmen Arróliga. Entonces se hizo cargo de nosotros tres, doña Agustina Romero, madre del Padre Romero. La nueva mujer de mi papá le dijo que se casaría con él solo si nos dejaba, y eso hizo mi papá”, seguía Modesta con su relato.

En ese momento entró a la celda el Teniente Nicolás Valle Salinas, jefe de Investigaciones de la Guardia Nacional, y ordenó al cabo de celda que sacara a las hermanas. El soldado cumplió la orden del superior, pero antes de cerrar la celda, Pompilio se acercó a ellas y luego de abrazarlas les dijo: “No vuelvan por aquí, no quiero verlas, no hagan nada, esta es la despedida”. Jenny abrazó fuerte a su hermano y con lágrimas en los ojos le dijo, “estoy rezando por vos”.

Parecía una novela

El caso del asesinato contra la familia Campos parecía una novela. Uno de los abogados que litiga en el juzgado donde se ventila el caso de Pompilio, dijo a un periodista que el caso del Chacal de Tacaniste parecía una novela. El abogado quien pidió omitir su nombre dijo que una señora de buena familia de Managua, lo visitó para que defendiera al Chacal. “No se preocupe por sus honorarios, yo le pago lo que me pida”, le expresó la mujer anónima.

El abogado le dijo que no haría ese trabajo ni por todo el dinero del mundo, ya que “la saña de este hombre al cometer el triple asesinato no tiene nombre. Asesinar a una muchachita y luego asesinarla, no tiene nombre. No voy a poner mis conocimientos para defender a un tipo como ése”, dijo el litigante.

Dos días después apareció un abogado diciendo que él defendería a Pompilio Ortega ya que una señora de mucho dinero le pidió hacerlo, porque ella estaba “enamorada” del asesino. Al final el Chacal se tuvo que conformar con el abogado de oficio que el Juez le asignó.

En un hecho sorprendente, la señora Bertha Fonseca, quien laboraba en el área administrativa del Teatro Margot, declaró a los periodistas que ella estaba dispuesta a casarse con Pompilio por “guapo y sufrido”.

“Su vida desde niño fue un calvario, yo me caso con él para que tenga una persona que lo quiera en su vida”, expresó. Las declaraciones de la mujer causaron revuelo en todo el país. Al día siguiente el Teatro Margot la despidió por lo dicho sobre tan abominable sujeto.

En nuestra próxima entrega, el Chacal de Tacaniste es condenado.

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