Managua

Carluchín, el ventrílocuo de la vieja Managua

  • Un oficio en extinción

Por Bosco León Báez
LA CALLE

Conversando con Miguel “Limonada” Rocha, vía WhatsApp, quien reside en Orlando, Florida, me decía con nostalgia: “Hermano, nosotros tuvimos la dicha y el privilegio de nacer a mediados del siglo XX, que jugábamos con cosas sencillas y en comunión con todos nuestros amigos del barrio, hoy esta generación Z, viven como idiotas con un teléfono celular todo el santo día. No caminan como nosotros que pedaleábamos de lado a lado por la vieja Managua. Ni hacen carreras de bicicletas y además alquiladas, lo único que pasan haciendo es mover los dedos sobre las teclas del celular”.

– Tranquilo hermano, le dije, ya te estás arrechando.

El apodo de Miguel no es porque le gustara la limonada, sino porque tenía un carácter ácido, por todo se enojaba y hasta llegaba a los golpes por cualquier cosa, pero es buena gente. Limonada es fiel lector de La Calle, gracias a su hermana Leticia, quien todos los martes le toma fotos a la edición y se la envía por WhatsApp.

En nuestra conversación me dijo, “sabes de qué no has hablado en La Calle, de los Ventrílocuos. Es cierto que no hubo muchos, pero aún recuerdo al viejo “Carluchín y su muñeco “Estebano”, también contaba con Manolín con el que completaba el espectáculo.

“Tuve la suerte de conocer a Carluchín ya que mi tía Aurora, le alquilaba una pieza, del cine Fénix media cuadra al lago, frente a la parada de buses a Masaya”, me cuenta Miguel. “Vos te acordás que el trabajo de estos personajes no era muy seguido, por lo tanto su ingresos eran bien reducidos. Según contaba mi tía Aurora, un día la esposa de éste quien era una mujer muy simpática, lo dejó para irse con el chofer de un bus de Masaya. Carluchín la lloró amargamente y se metió al cañal por más de un año. Ya no trabajaba y mi tía le tuvo que pedirle el cuarto, mientras le guardó a Estebano y Manolín.

El ventrílocuo anduvo tirado por las calles y para poder pagar los tragos que se iba a beber, se ponía en las cantinas a hacer actos de magia. Era todo un artista, él contaba que había aprendido el arte de hablar cambiando su voz natural sin mover los labios ni los músculos de la cara, de manera que el público creyera que era el muñeco el que hablaba. Paco Miller, un famoso ventrílocuo de Managua, a inicios de los años 50, le enseñó ese arte. Miller, decía mi papá, cuando llegaba a Managua el famoso Circo Ataide, lo contrataban ya que tenía varios muñecos como Don Roque y Doña Marraqueta. Don Roque era especialista para hablar en doble sentido haciendo un verdadero y malicioso show.

Mi papá me contó una anécdota de Carluchín. Estaba donde Porfirio el dueño de la cantina “Noche Criolla”, cuando apareció el ventrílocuo totalmente recuperado. Las bocas más ricas de esta cantina eran “rusos en la nieve”, Carluchín entró cargando a Manolín. Lo llamaron de una mesa y le pidieron que hiciera hacer su acto con el muñeco. Empezó a hacer su show cuando en eso llega Porfirio y le dice:

-Mira Carluchín, si Manolín me dice como preparo los rusos en la nieve, te regalo 10 pesos.

Manolín le contestó:

-Agarrás los frijoles que se te agriaron, luego los lavas y los moles con chile, bastante chiltoma y tomate, luego le echas crema y listo.

Todos los presentes se carcajearon y Porfirio le respondió:

-No jodás vos, los frijoles son acabados de cocer.

-Eso decís vos, le refutó el ventrílocuo, a mí me contó la negra Norma que te trabajaba de cocinera que eso hacías, así es que dame los 10 pesos.

Todos lo aplaudieron y le gritaban a Porfirio, “págale al hombre no jodas”. Carluchín recibió su pago y se marchó feliz y contento, se había volado a uno de leva.

En la década de los 80 volví a ver a Carluchín en Monseñor Lezcano. Andaba sucio y totalmente picado, me pidió que le regalara para comprar guaro, le di y le comenté a mi esposa, que ese señor en la vieja Managua fue un artista, era ventrílocuo, hoy miles de jóvenes no saben que es ese arte.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *