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De las escuelitas pagadas a las mochilas del Hombre Araña

  • ¡Cómo cambian los tiempos!
  • Las familias pobres hacían los cuadernos y los cosían con hilos

Por Bosco León Báez
LA CALLE

El pasado lunes 3 de febrero iniciaron las clases en los colegios del país, con ello empiezan también los amigos, las tareas y el gasto. Para que un chavalo vaya al colegio con todos sus útiles escolares incluyendo el uniforme, mochila, lonchera y zapatos hay que alistar la bolsa.

Miles de niños de tres años irán al colegio por primera vez en sus vidas. Algunos fueron felices, otros menos, algunos más conscientes del lugar al que van, otros no llorarán en su primer día, otros puede que no hayan llorado el primer día, y muchos lo harán cuando vean que esto de ir al colegio es diario.

La entrada a clases es igual, siendo unos niños, nosotros, hace más de 60 años, también pasamos por momentos como los antes descritos. Pero los chavalos de ayer, así como los de hoy, no tienen ni la menor idea del gasto que involucra a cada padre de familia la entrada al colegio de uno de sus hijos, para muestra un botón. Conversaba con dos jóvenes madres, Xóchitl y Zoila Bolaños, quienes juntos a sus esposos hicieron un sacrificio de comprarle a sus pequeños hijos todo lo que necesitan para ir por primera vez al colegio este año lectivo.

“Uno tiene que hacer de tripas corazones”, dijo Zoila, “acuérdese que acabamos de pasar navidad, en que hay mucho gasto, teníamos que comprarle al niño ropa y zapatos nuevos y además algún juguete”.

“Fíjese bien -me dice Xóchitl- para que mi hijo René entrara por vez primera al colegio mi esposo y yo gastamos en mochila, lonchera, un pantalón, dos camisas, media docena de calcetines, zapatos de uniforme y los zapatos para deporte más de dos mil quinientos córdobas. Aún me falta comprar los cuadernos, libros, lápices de colores, crayolas. Casi esta misma cantidad tuve que gastar yo con mi hijo Joseph, quien va por primera vez al colegio”, agrega Zoila.

Nuestros padres también pasaron por esta misma situación, con la diferencia de que nuestros útiles escolares eran bien feos. Para recordarles a nuestros lectores adultos mayores, nosotros no usamos mochilas impermeables, eran unos bultos de vaqueta, comprados por los padres que vivían en los sectores del barrio Santo Domingo y Candelaria en la talabartería Pantoja o en la de don Lolo Morales.

Esos bultos pesaban más que un mal matrimonio y cuando se nos mojaban por algún aguacero pesaban más que un muerto. Muchos padres de ese tiempo y debido a la situación económica que atravesaban les compraban a sus hijos unas medias botas de cuero de chancho, tan duras como el guayacán, que resistían a la mala vida que un cipote entre 8 y 10 años podía darle.

Las mochilas de hoy además de ser livianas llevan impresos los muñecos o súper héroes que están de moda. Los cuadernos tienen espirales metálicas o de plástico firme. Los zapatos de los uniformes son livianos y los de deporte imitaciones de las mejores marcas de zapatos deportivos. Los libros infantiles para aprender las primeras letras son hechos en papeles bonitos y a full color, los lápices de colores y crayolas vienen en cajitas bien presentadas, las loncheras de plástico tienen un forro de papel incrustado tipo papel de aluminio y además la figura del personaje favorito del niño.

En mis tiempos había niños que por la condición precaria de sus padres no llevaban cuadernos de 24 páginas. Los hacían a mano, en casa, cosidos con hilo. Los cuadernos eran de 24 páginas y tenían el problema de que no podías arrancarle ni una sola página ya que el resto se caía de inmediato. Los libros como el recordado “Coquito” eran en blanco y negro, al que no daban ganas de abrirlo y las tablas de sumar y multiplicar venían en la parte trasera de los cuadernos.

Lo que si les puedo asegurar es que la educación que recibimos en nuestros tiempos no hay manera de compararla con la de hoy, la de nosotros fue de lo mejor, la de hoy deja mucho que desear. El primer día de clases es un día que jamás se olvida.

En nuestra próxima entrega, las escuelitas pagadas.

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