Managua

El Coronel Alegrett fue a ver a Nando

  • Gadea Chavarría le contó a un periodista que curó a un médico y a un abogado de la Embajada de Estados Unidos
  • Y les advirtió: “Dígale a sus amigos que los voy a escupir, les voy echar humo del chilcagre y luego le daré las cáscaras”

IIIa. y última entrega

Por Bosco León Báez
LA CALLE

Fernando Gadea Chavarría, Nando, con su peculiar forma de hablar, contó orgulloso a un periodista jinotegano y corresponsal de un diario de Managua, que sanó a un médico y a un abogado, miembros del personal diplomático de la Embajada de Estados Unidos.

Le contó al reportero que una mañana comenzó a escuchar el ruido de un helicóptero y creyó que este estaba por caer. Salió a un claro para ver mejor y se llevó un gran susto al ver que la aeronave estaba aterrizando en su propiedad. Del aparato salieron tres hombres. el primero en bajar se dirigió a él diciéndole que necesitaba ver a “don Nando”, él contestó “yo soy, ¿en qué puedo ayudarle?, preguntó el curandero.

El hombre le dijo que ellos eran estadounidenses y que habían escuchado hablar de sus grandes propiedades para curar con hierbas.

Los dos hombres le tendieron la mano, uno era médico y el otro abogado, el primero le dijo que tenía problemas en el hígado y el otro presentaba fuertes dolores de cabeza. Nando los llevó a su casa y al que hablaba español le dijo: “Vea amigo, dígale a sus amigos que los voy a escupir, les echaré humo del Chilcagre y luego le daré las cáscaras, si están de acuerdo me avisa”.

El hombre habló con ellos y estos aceptaron la peculiar y rudimentaria forma de curación. Nando los escupió, les echó humo y les dio una bolsa a cada uno con las cáscaras, explicándoles cómo debían tomarlas.

Siguió contándole al periodista jinotegano que un mes después, vio llegar a su casa al hombre que “me presentó a los gringos” solo que esta vez no llegó abordo de un helicóptero, sino que a pie subiendo el empinado cerro. Nando recordaba que le ofreció agua y lo sentó en un tronco de madera para que pudiera coger aire. Cuando el hombre pudo hablar con normalidad le dijo que venía de parte de los estadounidenses y de su embajador quien le mandaba a decir que le construiría “una carretera sobre las rocas de Jinotega para acá, pero no acepté. Ellos estaban agradecidos, pero yo para que hijo de la madre quiero carretera, no tengo chunche y ni quiero tener carro”, dijo el curandero.

Uno de los pacientes más famoso que tuvo fue el Teniente Coronel GN Iván Alegrett, quien también viajó a ver a Nando a bordo de un helicóptero. Los medios de comunicación de entonces contaron la anécdota de la consulta y sanación que le hizo al Coronel Alegrett.

“Vino en un helicóptero el cual él manejaba andaba con un ayudante, era chele y ojos celestes parecía gringo el jodido. “Vos sos Nando” me dijo, éste soy yo, para que soy bueno”, le contestó el curandero. Alegrett le dijo “ve, tengo unas manchas en la espalda que ya se me están pasando al pecho y también me están saliendo en las piernas, he comprado todo tipo de cremas hasta en los Estados Unidos y en vez de quitárseme más bien veo que me salen más, ya me tienen pendejo estas manchas”.

Nando le dijo que se quitara la camisa y cuando las vio le dijo, “lo que hiciste fue joderte más, de todos modos vení adentro, ah, pero ya sabes que yo escupo donde está la enfermedad” dale viaje, contestó Alegrett.

“Lo metí al cuarto para que se quitara el pantalón ya que tenía que echarle en las piernas. Huevón el jodido -cuenta Nando- ni arrugó la cara cuando le estaba echando el Chilcagre en su cuerpo, luego que se vistió le di las cáscaras y el jodido me abrazó y me preguntó, ¿Cuánto te debo? Yo le dije que “ni un centavo”, no jodas como no te voy a pagar si vos hiciste tu trabajo”, le replicó Alegrett, “pues ya te dije que no me debés nada y no me arrechés porque yo soy mal indio y no le tengo miedo a nadie ni a nada.”

Alegrett lo abrazó, fue hasta su aeronave y antes de montarse le dijo: “Te voy a venir a ver en un mes para enseñarte que estoy curado”.

-Eso me gusto de ese jodido, creyó en mí ciegamente, concluyó Fernando Gadea Chavarría, Nando.

¿Curandero? ¿Un fraude? ¿Un milagro de Dios? La polémica sigue abierta.

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