El macabro negocio de “Drácula” en Managua
Managua

El macabro negocio de “Drácula” en Managua

  • Vengo porque no tengo trabajo, mi mujer me corrió de la casa y quiero echarme unos tragos”
  • Inversionistas cubanos defienden la criticada empresa

IIa. entrega

Por Bosco León Báez
LA CALLE

A inicios de la década de los 70, “Drácula” instaló una sucursal en Managua donde desde muy tempranas horas de la madruga enormes filas de “donantes” esperaban ansiosamente el turno -plasmado en un número que les habían entregado en el portón principal de la empresa.

Me refiero a la empresa “Centroamericana de Plasmaféresis” S.A. (CAPSA), “Plasmaféresis”, cuya mayoría de “donantes” eran personas pertenecientes a los más estratos pobres de la capital y de ciudades y pueblos vecinos. Muchos eran “basuqueros” que fabricaban su propio licor mezclando alcohol con refrescos o boli. La mayoría de estos se encontraban enfermos y además mal alimentados, pero con tal de percibir C$35 córdobas por una pinta de sangre, pasaban todo el santo día bebiendo guaro, aunque su estado de salud seguía en deterioro.

Uno de ellos declaró al diario La Prensa en 1972, que él iba dos veces a la semana a “donar” su “pitahaya”.

“Vea -le dijo al periodista- no tengo trabajo, mi mujer me corrió de la casa, tengo que hacer esto para comprar un poco de comida y echarme mis bujiazos”. Cuando un donante llegaba por vez primera vez a Plasmaféresis lo metían a una pequeña oficina en donde tres muchachas, vestidas con uniformes de enfermeras, le hacían una serie de preguntas comenzando con el nombre, fecha de nacimiento, historial médico si padecía de asma, erupciones cutáneas, tuberculosis, entre otros posibles males. Una vez que llenaban el cuestionario básico lo mandaban a otra oficina en donde una muchacha le tomaba la presión arterial, la temperatura corporal, lo pesaba y luego lo mandaban al laboratorio para hacerle exámenes de sangre y orina y conocer así sis niveles de hemoglobina y el tipo de sangre.

A ninguno de los “donantes” les hacían verdaderos exámenes médicos, con solo sus palabras era más que suficiente para convertirse en una persona apta para vender su sangre.

Los medios de comunicación de la época apoyados por instituciones de servicio social iniciaron una campaña de protesta contra la empresa comercializadora de sangre.

Uno de los defensores de Plasmaféresis fue el Dr. Rolando Santamaría, uno de los tres hematólogos con que contaba el país y quien estaba a cargo de vigilar el proceso de extracción. El médico declaró a los periodistas estar totalmente de acuerdo con la empresa. Cuando le preguntaron si Somoza era uno de los dueños, el galeno contestó que él ignoraba quiénes eran los dueños ya que era una empresa sociedad anónima.

La polémica

“Estoy claro que la situación de exportar plasma sanguíneo puede ser chocante para la población, pero también es oportuno contar con un centro como este, que pueda dar respuesta a muchas personas que necesiten plasma en el país”, dijo el Dr. Santamaría.

“Somos muy estrictos en no permitir mujeres donantes y no es porque estén contraindicadas, sino porque pueden estar embarazadas y esto perjudica la donación”, agregó Santamaría, quien  entonces contaba con 14 años de experiencia en el campo de la hematología. Expresó que los periodistas no habían visto “el lado positivo de contar con una empresa como Plasmaféresis”.

“En toda América Latina no existe una planta fraccionadora del plasma y Nicaragua podría ser la primera en contar con una planta totalmente equipada para extraer la sangre y además fraccionar el plasma”, dijo el médico.

Mientras Santamaría hacía estas declaraciones a los periodistas, el Dr. Guillermo Castro, inmunólogo de nacionalidad cubana y quien además fungía como el gerente de Plasmaféresis, comentó a los periodistas que en el mundo entero había más de un mil empresas dedicadas a este negocio el cual es “digno y honrado” y que solo le traía beneficios al país.

“Nuestro lema en esta empresa es que la ciencia está de por medio”, concluyó Castro.

Mientras el médico cubano ponía en primer orden a la ciencia, cientos de donantes en la Navidad de 1972, se instalaron en las afueras de la planta portando carteles exigiendo un aumento a C$50 córdobas la pinta por “motivos de navidad”.

Los directivos de la empresa rechazaron la demanda ya que el precio internacional del plasma era de C$5 dólares la pinta.

En nuestra próxima edición el terremoto calmó las protestas contra Plasmaféresis.

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