La india nicaragüense que conquistó Ecuador
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La india nicaragüense que conquistó Ecuador

  • Una historia de rebeldía, esclavitud y amor que resuena en la historia 450 años después
  • La mujer de Andrés Mangache lo acompañó en la huida hacia Esmeralda en donde se convirtieron en poderosos caciques
  • ¿Cuál era su nombre? ¿Cómo era? Nadie lo sabe, solo es un rastro en la vida de lucha del continente

Redacción Central
La Calle

“En 1540 naufragó en Esmeraldas un navío cargado de esclavos. Allí viajaba Andrés Mangache, capturado en Madagascar (Áfica). En un descuido de sus amos, huyó a la espesura junto a su pareja, una india nicaragüense”.

Así describe, la revista Ñan Magazine de Ecuador, la historia de un africano que se convirtió en una figura poderosa, una rica historia del puerto de Esmeraldas, de la costa ecuatoriana. Un esclavo que conoció y se enamoró en Nicaragua de una india con la que, probablemente, construyó su leyenda y su poder a mediados del siglo XVI.

Nadie supo cómo se llamaba, cómo era, no hay una pintura ni reconocimiento alguno, pero tuvo hijos con Mangache o Malgache, con quienes fundó una casta de conquistadores.

Se entiende que fue en 1540 que el negro Andrés Malgache o Mangache se convertiría en uno de los primeros esclavos en lograr la libertad en la costa de América del Sur, al fugarse de sus amos españoles durante un breve desembarco en la bahía de San Mateo, Esmeraldas.

Según cuenta el clérigo y cronista Miguel Cabello Balboa (1583), en uno de aquellos muchos barcos que naufragaron en Esmeraldas, alrededor de 1540, viajaba un tal Andrés Mangache, africano capturado en la costa de Madagascar. Su destino seguramente era Lima o Piura, en la costa norte del Perú, desde donde se precisaban cada vez más esclavos de las Antillas para trabajar en las nuevas haciendas de caña de azúcar.

Tras zozobrar, los supervivientes se concentraron en la playa y, mientras los amos enviaban a siervos y esclavos a marisquear por la zona, Andrés logró huir con su amada, una india nicaragüense, hacia el interior de la espesura, nos dice el relato.

Líderes en tierras extrañas

Cruce de india con negro.

“A partir de entonces, aquella pareja no tardaría mucho en rodearse de seguidores, plantar cara a los indios de guerra e incluso mezclarse con otros naturales, como los de la «tierra de Dobe», grupo que los acoge en un principio y del cual sus descendientes seguramente tomarían el apellido «Arobe». Con el paso de los años, los Mangache tuvieron dos hijos, Juan y nuestro don Francisco, que sucesivamente fueron ocupando el cargo de cacique a la muerte del anterior.

Pocos conocen la historia de los primeros africanos libres de América. Y esa historia es, en gran parte, un legado ecuatoriano… el legado de los primeros cimarrones que lograron sortear los grilletes de la colonia para levantar su propia dinastía, en las postrimerías de la provincia más agreste e inaccesible del continente.

Hay quienes insisten que la presencia de africanos en América incrementó a raíz de la obra apologética de fray Bartolomé de las Casas, quien, al defender en escritos y discursos a los indios de los abusos de los españoles, fue artífice de la proliferación de la esclavitud de africanos a través del continente.

Ya para 1534, cuando España conquistaba Perú, esa esclavitud se había convertido en la solución idónea para enfrentar las necesidades productivas del territorio, sin que nadie se sintiera demasiado culpable.

Los mulatos

Se estima que sólo en la ciudad de los Reyes (Lima), hacia 1554, es decir no más allá de un par de décadas después de la conquista, ya se contabilizaban 1.500 esclavos, la mayoría de ellos recién llegados de África, o como se denominaban entonces «negros bozales».

Procedían del tráfico marítimo de esclavos que arribaban al Caribe y de ahí se distribuían a Centroamérica –Panamá o Nicaragua–. Desde estos puertos, barcos cargados de mercancías y esclavos, recorren la costa pacífica de Sudamérica con la finalidad de alcanzar la opulenta Ciudad de los Reyes, fundada por Pizarro.

Y precisamente este recorrido es el que dará origen a la presencia de los mulatos de Esmeraldas. Sobre parte de los territorios de aquellas culturas arqueológicas –Atacames y Jama Coaque– y aquellas etnias indígenas –Pidis/Niguas y Campaces– ya mencionadas, se sobreponen a mediados del siglo XVI dos caciques de procedencia africana: Andrés Mangache –y su hijo Francisco de Arobe, que es el personaje central del retrato–, y Alonso de Illescas –y su hijo, Alonso Sebastián de Illescas, contemporáneo de Francisco–.

La llegada de Andrés Mangache y otros esclavos negros a la costa ecuatoriana es realmente temprana. En 1532 Pizarro inicia la conquista del imperio inca y tan sólo 8 o 10 años después, hacia 1540 se debe producir la fuga de Andrés Mangache en la Bahía de San Mateo.

Unos años más tarde, en el cabo Portete en 1553, volverá a repetirse la historia, con otro grupo de esclavos, entre los que se encontraba Alonso de Illescas.

Se convirtieron en “señores de la tierra”

Este poblamiento negro de Esmeraldas presenta algunos rasgos peculiares que lo diferencian de otras regiones, además de su temprana fecha, especialmente la dominación del negro frente al indígena y la fusión de ambos con exclusión del blanco. Se convierten en «señores absolutos della –de la tierra de Esmeraldas– y de los dichos indios y ellos los mandan y gobiernan y no se conoçe otro cacique ni señor dellos…17». Los mulatos adoptarán los rasgos culturales indígenas aportando probablemente otros procedentes de los territorios de origen.

En la relación del capitán Pedro de Arévalo, vecino de la ciudad de Quito, a la Real Audiencia, al que se le había encomendado la conversión, reducción, población y doctrina de los mulatos, menciona la fusión cultural y étnica que se produce con los mulatos: «Los quales se mezclaron entre los dhos [dichos] yndios y tomaron sus rritos y / ceremonias y traje y las mujeres que les pareció de las más prin / cipales y cacicas y se fueron apoderando y señoreando de aquella / tierra e yndios della, como lo an estado y están de más de sesenta años a esta parte» (AGI, Quito 25, N45, 33, año 1600).

El manifiesto de la carga del barco dice:

Entre otras mercancías para comerciar en Lima trasportaba 23 esclavos negros –17 varones y 6 mujeres–. A falta de viento, el barco no tuvo más remedio que fondear unos 30 días en aguas de la costa de Esmeraldas, en la bahía de Portete pasado el cabo de San Francisco.

Allí desembarcan los españoles junto con los esclavos, con el fin de reponer agua y alimento fresco, y encontrándose todos en tierra se desencadena un fuerte viento que estrelló el barco contra los arrecifes, hundiéndolo, momento en que los esclavos aprovechan para huir e internarse en la selva. «Allí junto a Pasao, 3 leguas antes, está una tierra que llaman el Portete.

Y un navío que venía de Nueva España para el Perú cargado de sedas y otras cosas, dio al través allí, en tierra, y se perdió sin sacar nada de las mercaderías; muchos negros que en él venían, salidos a tierra, se huyeron la tierra adelante. No pudieron ser habidos; han hecho un pueblo, y tomado indias y casádose con ellas y multiplican y suelen allegar a la costa, y si ven españoles que han saltado en tierra a tomar agua, les matan o roban, y lo mismo hacen en robar a los indios.»

(Villasante, 1991b [1570-1571?]).

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