El asesinato del médico y capitán Fernando Cedeño
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El asesinato del médico y capitán Fernando Cedeño

  • La venganza del Mayor GN Oscar Morales Sotomayor
  • Altos oficiales lo consideraron un “traidor”

Ia. entrega

Por Bosco León Báez
LA CALLE

Dos años después de que el Mayor GN Oscar Morales Sotomayor, conocido como “Moralitos”, fuese condenado a 18 años de prisión por el asesinato de David Tejada Peralta, en 1970, los leoneses solían verlo a bordo de un jeep descapotado por las calles de la ciudad, custodiado por dos alistados de la Guardia Nacional. Se le veía por todos lados haciendo negocios personales.

Los cierto es que “Moralitos” nunca guardó prisión. Por las mañanas salía a vender leña que extraía de una de sus propiedades en la carretera vieja a León. Los domingos era infaltable en la gallera cerca del cementerio, le apostaba fuerte a las peleas de fallo.

Nada de esto pasaba desapercibido, los medios noticiosos denunciaron que Morales Sotomayor vivía como un “rey” en León. La Jefatura de Leyes y Relaciones Públicas de la Guardia Nacional solía “desmentirlo” en comunicados cada vez que salía la noticia de que alguien lo había visto en León.

Pese al tiempo transcurrido, en los altos mandos de la GN no le “perdonaron” al médico y Capitán Fernando Cedeño, el testimonio profesional que hundió a “Moralitos”, determinante para declararlo culpable y posteriormente condenarlo. Lo llamaron “traidor a la Guardia” por lo que fue marginado de la institución castrense.

Un coronel y muy amigo de Morales le comentó que el Dr. Cedeño viajaría a León el lunes 13 de abril de 1970 y que tomaría la ruta de la carretera vieja, le dio la hora de llegada a la ciudad (entre las 9 y 10 de la mañana). Morales agradeció el gesto de su compañero de armas y se alistó para asesinar a Cedeño.

Cita mortal

A eso de las 10 de la mañana de ese 13 de abril, el Dr. Cedeño, en compañía de su esposa Doris Pineda tuvo que detenerse en el kilómetro 56 de la carretera Managua-León, mientras conducía su carro Mazda, rojo, a causa de un desperfecto mecánico. Doña Doris relató que ellos vieron pasar un jeep de la Guardia en dirección a Managua, “pero como a los 300 metros lo vimos dar vuelta hacia donde nosotros estábamos aparcado. De pronto vemos a Morales con dos guardaespaldas que parecían ser los hermanos Poveda, los cuales tenían fama de matones en León”.

“Me las vas a pagar”

“Aquí está este hijo de puta, ahora me las vas a pagar”, gritó Morales y acto seguido con un fusil Garand disparó contra el carro. Yo me agaché, pero Morales me dijo, “no tenga miedo señora, que a usted no la voy a matar, solo a este hijo de puta, que me las debía. Adiós señora, a usted no le voy hacer nada, era con su marido pero ahora la cuenta está saldada” y con una sonrisa en los labios se marchó con rumbo desconocido, dijo doña Doris con lágrimas en sus ojos.

“Llorando y gritando, nerviosa y como pude pasé el cadáver de mi esposo, del asiento del conductor al asiento del pasajero. Luego empecé a manejar los 56 kilómetros de regreso, hasta llegar al puesto de Las Piedrecitas para denunciar el asesinato de mi esposo”. Una patrulla de la Guardia que se encontraba en el puesto ayudó a la señora quien a gritos decía “Morales lo mató con un Garand”. Los curiosos y agentes policiales estaban asustados al ver el cuerpo sin vida de Cedeño y con su cabeza destrozada”.

Emplaza a la GN

Al llegar a su casa de habitación en la Colonia Militar frente a la Tribuna Monumental, en donde vivía con sus cinco hijos (María Elena, 19 años; Fernando, 15; Carlos, 14; Carmen, 12; y Doris Elena de 9), Doris Pineda abrazó a su madre mientras todos, incluyendo a los hijos, lloraban preguntándole a Dios porqué habían asesinado a su padre. Doña Doris habló con periodistas que llegaron hasta su vivienda y les dijo que varios altos mandos de la Guardia eran culpables del asesinato de su esposo. “Cuando Fernando declaró ante la Junta Militar, quedó mal visto por estos guardias, desde entonces recibía amenazas de muerte hasta que llegó el día que lo asesino Morales”, dijo entre sollozos.

“Ahora quiero ver que dice la Jefatura de Leyes y Relaciones de la Guardia, cuando los medios le decían que Morales andaba suelto en las calles de León, ellos desmentían con sus comunicados. Quiero que me desmientan que Morales no asesinó a mi esposo. Si yo lo vi con mis ojos, escuché el balazo y todavía el maldito me dijo que no me preocupara que él no me iba a matar”.

En nuestra próxima entrega relatos de testigos que vieron el carro ensangrentado.

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