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En el banquillo, Moralitos sudó copiosamente

  • “Quiero tener a tres metros al Coronel Morales para conocerlo”
  • La madre de David y René Tejada le hace una candente petición al General Anastasio Somoza Debayle

Entrega 2

Por Bosco León Báez
La Calle

El viernes 18 de abril de 1968, dos días después que se conociera públicamente que los hermanos David y René Tejada Peralta, habían sido capturados por órdenes del Mayor Oscar Morales Sotomayor -la madrugada del 5 de abril- el alto mando de la Guardia Nacional ordenó una investigación de los hechos.

Nombró a una Junta Militar de Investigación integrada por: Capitán Manuel Sandino, Mayor Fanor Cruz, Coronel Agustín Bodán, presidente de esta Corte, Capitán Enrique Alegría, Mayor Fernando Ocón.

La madre de los hermanos Tejada, doña Velia Peralta, y la esposa de David, Gloria Gabuardi, reaccionaron con lágrimas en los ojos al enterarse de la noticia. Doña Velia dijo: “No quiero cortes militares ni investigaciones, quiero que el general Somoza me presente a tres metros de distancia al mayor Oscar Morales para conocerlo”.

Gloria Gabuardi agregó: “No creo en cortes militares. Va a pasar lo mismo que con Juan Ángel López que después de varios asesinatos anda gozando de libertad”, refiriéndose al caso de los crímenes cometidos por el Coronel López y conocidos como la masacre del Zanjón de Posoltega, ocurridos en 1964. (Ver ediciones anteriores en donde reconstruimos los hechos).

La sala de música del Campo de Marte fue destinada como la sala de justicia de La Corte Militar, que investigaría las acusaciones contra Morales por lo ocurrido a los hermanos Tejada Peralta.

La pequeña sala simulaba un diminuto teatro con dos columnas a la entrada y servía para las prácticas de la Banda de la Guardia Nacional, estaba ubicada en el centro del Campo de Marte al de una larga fila de árboles de almendra.

Un testigo comenzó todo

La evidencia que sentó a Morales en el banquillo de los acusados fue lo dicho por un testigo quien afirmó que a las seis de la mañana del viernes 5 de abril, había recibido en su cuartel a los hermanos David y René Tejada, a los que “Moralitos” golpeó con saña y luego le arrebató su carabina al Teniente Porfirio Mercado, para darle con ella a los presos.

La arrogancia por delante

A la una de la tarde del primer día de sesiones, el Fiscal Militar solicitó permiso al presidente de la Corte de Militar para que ingresara el Mayor Oscar Morales. Morales, con la arrogancia que lo caracterizaba, ingresó al tribunal sin esperar la anuencia de la Corte, con la intención de conmover a sus compañeros de armas que lo esperaban para investigarlo.

Vistiendo su uniforme, Moralitos ingresó al recinto con una boina verde oliva y zapatillas café, acompañado por su custodio el Mayor Alfonso Macías y el Mayor Orlando Villalta.

Al ingresar, saludó al Coronel Bodán, presidente de la Corte Militar, luego a los demás miembros. El Fiscal Militar pidió al presidente de la Corte que el indiciado (Moralitos) desalojara la Sala porque no había sido llamado aún. El Coronel Bodán aceptó la petición del Fiscal y conminó al Mayor Morales a que abandonara la Sala de Justicia, en compañía de su custodio.

Minutos después el Fiscal pidió que fuera llamado el Mayor Oscar Morales y el Capitán Preboste se encargó de hacerlo. Moralitos llegó con su custodio y saludó a los presentes.

Frío… como todos los asesinos

Morales lucía sereno, se sentó en la silla que lo esperaba hacía buen rato, apoyó sus manos sobre una pequeña mesa que le colocaron y sobre la misma un paquete de cigarrillos Kent. El Fiscal Militar le explicó al indiciado que de acuerdo con las declaraciones de los testigos Sargento Tomás Ruiz y el Teniente Porfirio Mercado, él era el responsable de la desaparición de los hermanos David y René Tejada Peralta. Moralitos escuchó al Fiscal con la cabeza baja, sus ojos chispeaban para todos lados y su frente comenzó a sudar copiosamente.

Luego, el Fiscal le entregó copia de las declaraciones de los testigos. Morales comenzó a leerlas en el acto. Mientras leía, el Fiscal Militar le preguntó si ya había nombrado a su abogado defensor o si se iba a defender solo. Moralitos contestó que él se defendería solo.

Una muchedumbre se acercó al portón del Campo de Marte para tratar de entrar a la Sala, pero el Presidente de la Corte ordenó que no lo dejaran entrar.

En nuestra próxima edición, el juicio se pone caliente.

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