Estampas de la Managua de los chavalos de antaño
Managua

Estampas de la Managua de los chavalos de antaño

  • Recopilación de anécdotas de hombres y mujeres que vivieron la capital en las décadas de los 60 y 70
  • Una idea de lo que hacían y pensaban los muchachos de antes… y de hoy también
  • La era de las chibolas y el hanball… sin celulares ni internet

Por Bosco León Báez
LA CALLE

La Novia del Xolotlán en 1965 era una muchacha delgada y bonita, arreglada y bien pintadita. Olía a sacuanjoche, estaba llena de colores de veranera, avispas y narcisos, pero sobre todo los que en ella habitábamos vivíamos felices en cada uno de los barrios que conformaban Managua, la capital de Nicaragua.

Apenas éramos un poco más de 200 mil habitantes, razón por la cual, Managua parecía en esos años una pequeña aldea llena de luces, sencillamente original, una capital campestre, una ciudad en la que podíamos vivir entre lo rural y lo provinciano.

Un grupo de amigos, todos acompañados de sus respectivas esposas, nos reunimos por cuatro fines de semanas para departir y recordar cómo era Managua y, que significó para nosotros cuando éramos unos chavalos, luego adolescentes y jóvenes que pudimos disfrutar de la amabilidad y nobleza que nuestra querida y recordada capital nos entregó hasta el 23 de diciembre de 1972.

Para iniciar este trabajo decidimos darle la palabra al mayor de este grupo Ernesto Sequeira Morales, quien carga en sus adoloridas espaldas nada más que 66 años. Tito como le llamamos nos dice con una mezcla de alegría y nostalgia que él le pide a Dios que si volviera a nacer que lo traiga nuevamente a Managua y a su barrio Santo Domingo.

Mi primera experiencia extraterritorial sin mi mamá fue mi primer día de clases en la escuelita pagada donde la Profesora Haydee Cajina, fue traumático, ustedes se imaginan a un chavalo de 4 años estar sin su mamá por más de 3 horas, fue horrible, casi me muero, no lloraba, pero estaba aterrado. Al cabo de un par de horas y con 9 chavalos más me sentí tranquilo, aún escuchó los alaridos de un gordito que se llamaba Alfredo, quien desde que llegó hasta la hora de salida nunca dejó de llorar. Hoy Alfredo es un exitoso ingeniero civil que radica en Panamá y cuando nos comunicamos siempre le recuerdo su primer día de clases, él solo ríe y me dice, no estés jodiendo. Es en estas escuelitas pagadas es donde continuaba la educación que recibíamos en nuestra casa, pero lo mejor que aprendimos en estas escuelas fue el compañerismo y solidaridad. Si un chavalo no llevaba fresco y su galleta, la Profe nos decía que uno de nosotros teníamos que darle para compartir con el amigo, una lección que jamás olvidaré.

Los vasos con cables, el “celular” de antes

 En 1962 tenía 10 años y para entonces luego de llegar del colegio y hacer mis tareas, pasaba todo el resto del día jugando y jodiendo en la calle de mi barrio. Nos entreteníamos de cualquier manera, creo que ustedes también se acuerdan, nos dice, que fuimos nosotros los chavalos de ese tiempo que inventamos la comunicación por medio de un par de vasos descartables unidos por un pedazo de hilo, el cual era nuestro teléfono celular made in Managua, modelo 1962. Al cabo de unos 15 minutos de estar en una sola llamadera por teléfono y nos aburríamos nos poníamos a jugar chibolas, handball, trompo cuando este estaba de temporada.

También teníamos juegos nocturnos, nos instalábamos en la esquina de abajo de la Iglesia Santo Domingo bajo la luz triste de un poste eléctrico, para decidirnos que nos poníamos hacer, arriba era el del primer lugar, significaba que había que correr y no dejarse atrapar por el otro equipo y hasta liberar del poste a los que estaban presos y además custodiados por los contrarios. Las camisas o camisetas que en ese momento andábamos, cuando terminábamos de jugar el cuello nos llegaba hasta la barriga, debido a que los otros chavalos al tratar de agarrarte te cogían del cuello y uno por no dejarse te lo estiraban. Lo alegre era cuando llegábamos a la casa, ahí si de verdad me agarraba mi mamá sin correrme y al mismo tiempo que te decía cualquier barbaridad, con la faja te daba sin cesar, pero era alegrísimo.

Éramos chavalos sanos, sobre todo que respetábamos a los mayores. Ustedes se acuerdan que en cada barrio había señoras que por todo reclamaban, si jugábamos hand ball, hablaban, si corríamos gritaban, si jugábamos chibolas jodían, en fin era un solo rollo, pero cuando una de estas señoras llegaba a poner quejas se nos complicaba la vida, lo que nos esperaba era asunto serio y sobre todo de sufrimiento. Una vez llegó una de estas señoras a poner quejas a mi mamá, cuando llegué a la casa me va agarrando mi mamita y en la lloradera de arrecho que me tenía le dije: “esa vieja es tapuda”, mejor me hubiera quedado callado el castigo se quintuplicó.

Antes y ahora

En mi caso que era el hijo mayor, mi papá me había nombrado “delivery” de la casa, era el que tenía que hacer todos los mandados, comprar en la pulpería, farmacia, mercado, ir a dejar una comida a un enfermo. Este trabajo además que no tenía ninguna remuneración económica era arrecho ya que si estaba jugando trompo, tenía que levantarme de la “mancha” para ir hacer el mandado. Esto le sucedía a todos los que ostentábamos tan honroso cargo.

En los meses pasados con el levantamiento de los “auto convocados”, comentaba con unos amigos que vivíamos en el barrio que estos chavalos tenían un gran valor, eso de enfrentarse con salvajes que te disparaban balazos al saco y rajo y ellos con solo tiradoras y piedras hay que tener mucha determinación y testículos. Pero la crítica que les hacíamos era que nosotros teníamos más potencia en el brazo de lanzar y más puntería con las tiradoras. En una huelga que hubo en Managua que si no me equivoco fue en 1969, por el alza de C$0.05 centavos al valor del pasaje del bus, se armó una guerra de piedras contra la guardia espantosa.

Nosotros llegamos a la esquina de la farmacia El Trébol con tiradoras y chibolones que le poníamos a la honda, al guardia que le apuntábamos, guardia que salía con la cabeza rajada y, en lo de tirar piedras en ese tiempo podíamos lanzar a más de 98 millas. Esta velocidad se la debíamos a las prácticas diarias que pasábamos tirándole piedras a los garrobos, a un palo cargado de mangos, pero estos chavalos de hoy que no le dan uso al brazo ya que ni hay garrobos y los mangos los compran en rodajas.

En nuestra próxima entrega doña Alba Luz Morales de Sequeira, esposa de Tito, nos traerá sus recuerdos de chavala de hace un montón de años.

One thought on “Estampas de la Managua de los chavalos de antaño

  1. Qué triste! como mezcla la anécdota con politiquería, pero no menciona los gloriosos levantamientos contra la genocida tiranía somocista, quizás estaba de ese lado…

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