Viaje a la Managua del pasado
Managua

Viaje a la Managua del pasado

  • Un recorrido real y concreto por lo que perdimos la noche del 23 de diciembre de 1972
  • La historia más intrigante del país
  • Un recorrido por las iglesias de la capital

Primera entrega de II
Bosco León Báez

El semanario La Calle los invitar a realizar un viaje al pasado, en el que ninguno tendrá que hacer fila ni comprar boletos online para revivir lo que fue la capital de Nicaragua hace 45 años.

Managua era pequeña, alegre, apretada, colorida y bulliciosa. Entonces se extendía de sur a norte desde la Loma de Tiscapa hasta la Plaza de la República, y de este a oeste del Aeropuerto Xolotlán, hoy INETER hasta el Cementerio Occidental o de abajo.

Caminar por la Avenida Roosevelt, que primero se llamó Avenida Central, luego Avenida del Campo de Marte, cruzando con la Calle 15 de Septiembre era ver pasar a miles de personas en un verdadero jolgorio, acompañado de los pitos de los taxis Hillman, las baratas en plena calle, los pregones de los vendedores, los grandes establecimientos que por estos días en diciembre llenaban sus escaparates de juguetes, ropa y toda clase de artículos.

Las calles se atestaban de compradores lo cual era un signo que Managua estaba creciendo económicamente.

Iniciaremos este viaje para traerles un repaso de lo que había en esa linda muchacha llamada “La Novia del Xolotlán” con sus iglesias católicas, sobre todo la Catedral Metropolitana, una belleza arquitectónica, testigo mudo de lo que pasó el día del terremoto.

El recién pasado 1 de diciembre cumplió 79 años de su bendición. En sus paredes se acumulan en silencio hechos históricos irrepetibles, como el casamiento en 1943 de Lilliam, la hija de Anastasio Somoza García. En 1950 también aquí se casó Anastasio Somoza Debayle con Hope Portocarrero.

Debajo del altar mayor están los restos mortales de Monseñor Antonio Lezcano y Ortega, quien murió en 1952. En 1970 aquí fue consagrado Arzobispo de Managua Monseñor Miguel Obando y Bravo. El 20 de julio de 1979 millares de personas desde la Catedral y sus alrededores recibieron la llegada de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional.

La Iglesia de Santo Domingo, famosa por estar ubicada en unos de los barrios de mayores recuerdos de los managuas, y que albergaba a la pequeña imagen de Santo Domingo entre el 1 y 10 de agosto de cada año.

La iglesia del Perpetuo Socorro, pequeña, ubicada en el barrio Sajonia, cuya dirección nica era: del Colegio Bautista tres cuadras abajo. Esta iglesia tenía un lugar especial con un asiento y su respectivo reclinatorio de madera, con el nombre de Salvadora Debayle de Somoza, la esposa del General Somoza García. La Iglesia era la parroquia de la ex primera dama que vivía como a tres cuadras del templo.

La Iglesia de San Sebastián que nombre a uno de los barrios más recordados de Mangua. Los padres Calasancios cuidaban la iglesia, contiguo a ella estaba el Colegio Calasanz. De esta iglesia todos los domingos de ramos salía la mejor procesión de la “burrita”.

La Iglesia del Cristo Agonizante del Rosario, conocida como Cristo del Rosario, ubicada al noroeste de Managua, a solo cuatro cuadras de la Iglesia San Sebastián, sede de la venerada imagen de Santo Domingo de Abajo, que visita la iglesia del 7 al 21 de agosto en el barrio del mismo nombre. La iglesia San José, ubicada en la frontera de la antigua Managua con el barrio Monseñor Lezcano, tenía de vecino al Colegio Divina Pastora para señoritas.

La Iglesia El Calvario, al oriente de la capital.

Iglesia El Redentor e Iglesia El Carmen eran las parroquias en donde los católicos de cada barrio asistían a escuchar la palabra de Dios.

Los personajes de Managua

La Managua del 72 sigue inmortalizada, después de 45 años del nefasto sismo, por sus personajes que daban una vida diferente a la cotidiana a nuestra ciudad.

“Roberto Loco”, quien perdió la razón al no recordar donde había guardado el billete de lotería que semanalmente compraba y que una vez salió premiado, todos los días caminaba por las calles cargando un gran saco que llenaba de papeles que recogía en las calles buscando su billete premiado.

“Anita del Mar”, un homosexual que ponía inyecciones y suero a domicilio. No caminaba, se contoneaba con sus pantalones bien apretados y el chancleteo de sus chinelas de gancho que arrastraba por el caliente pavimento de Managua.

Cuando no pasaba por un barrio los chavalos le preguntaban en tono de burla “no habías pasado, estabas enferma con la regla”, la Anita les contestaba: “es que cuando estoy con mi menstruación vuelo chorros de sangre como vaca parida”.

Las refresquerías y los frescos

Como olvidar el delicioso cacao, la refrescante cebada y las riquísimas reposterías que elaboraba doña Juanita Quezada, madre de Gabriel de Jesús Quezada, conocido en Managua como la “Sebastiana”, un homosexual que vendía su producto en las afueras del cine Apolo, cerca de la Iglesia El Calvario y que luego extendió su radio de acción al mercado Oriental.

Las tapas de Matilde “la Cocoroca” no podían pasar desapercibidas en los alrededores del mercado San Miguel y en algunas calles de Managua. La mujer se ganaba la vida vendiendo ropa y bisutería, pero cuando un comprador se acercaba a la venta de Matilde, tocaba la mercadería y no la compraba soltaba las tapas en ráfagas diciéndole: “Ideay hijo de puta, pendejo, para que tocás si no vas a comprar, mejor jálate el hule hasta que te haga plic”.

Hablar de Managua de antes del terremoto sin mencionar a don Raúl Cruz Martínez “Peyeyeque”, sería, como decía mi difunto padre, un sacrilegio. Este simpático personaje fue un ícono de la capital, un humilde barrendero del Distrito Nacional.

“Yo me haito guayo porque tengo yales”, decía a causa de su problema para pronunciar la “r”. Peyeyeque podía estar barriendo las calles aledañas al Palacio Nacional, cerca de la Iglesia Perpetuo

Socorro, en la esquina de los bancos. Se decía que Raúl era loco debido a que contaba que a él sus hermanas y hermano le robaron parte de la herencia que su padre le había dejado, muchas personas

afirmaban que esta versión era cierta, pero nadie lo pudo comprobar. Perdió parte de su mano derecha debido que en un siete de diciembre en compañía de su gran amigo “Maximiliano” otro personaje de esa Managua, pasaron por una Purísima y el dueño de esta al verlo le pidió que le tirara unas bombas.

Peyeyeque le contestó “clayo, soy ayecho a tiyay bombas”, por su estado de embriaguez en vez de tirar la bomba tiró el tizón, la explosión le cercenó de un solo tajo una parte de la mano. Pero la anécdota más famosa de este personaje fue cuando lo acusaron de haberse robado una manguera, la Policía lo detuvo para la debida investigación y cuando fue llevado ante el jefe de la estación de Policía Peyeyeque le dejó ir una sarta de verbos diciéndole que era conservador, cachureco, matamama y comunista.

Ante la falta de pruebas del robo de la manguera fue exonerado de la culpa, pero no pudo capear la sanción por la falta de respeto a la autoridad. El jefe policial lo condenó a barrer algunas calles de Managua durante tres días. Peyeyeque con una sonora carcajada le dijo: “No joyas, si ese es mi fueyte”.

Uno de los sueños truncados de este personaje fue que nunca pudo convertirse en bombero, siempre decía que él algún día sería un apagafuego. Murió solo y en extrema pobreza en el hospital de Jinotepe, pero en los recuerdos de los que conocimos a “Peyeyeque”, vivirá por siempre.

La pólvora y el chop suey

Miles de los chavalos de antes tuvimos la dicha de quemar pólvora de donde “La Caimana”. Carmen Aguirre era su verdadero nombre, hija de don Lolo Aguirre, conocido en la vieja Managua como “Lolo Caimán”. De ahí sale el apodo para Carmen, quien instaló la más famosa fábrica de cohetes, toros encohetados y bombas de Managua, verdaderas joyas de la pirotecnia nacional.

Inició su negocio cerca de la tostadora El Caracol, luego compró un terreno a media cuadra del gancho de camino.

Fue todo un personaje debido a que fue lesbiana y vestía con ropa de hombre y con una pistola al cinto, por aquello de que algún abusador intentara decirle cosas a su novia. Su entierro fue todo un acontecimiento en la vieja Managua, música de chicheros e indudablemente cantidades navegables de pólvora, sus restos descansan en el cementerio Oriental.

Los restaurantes chinos por su comida y los precios baratos. Una cerveza costaba C$0.50 centavos que además traía de boca una escudilla encopetada de “Chop Suey”, como decía un vecino de mi barrio. Armando “Caporal” Tórrez, con ocho cervezas salías rascado y bien harto.

Como no traer a nuestros recuerdos los famosos SCAM o Salones Cerveceros, como el “Lucky Seven” de Natán Parrales y el “Jardín Central”, muy concurrido por su ubicación en la intersección de la Calle 15 de septiembre y la Avenida Roosevelt.

Tomarse un vaso de cerveza de sifón o una botella bien helada acompañada de la respectiva boca como, chacalines, cerdo frito o vigorón hacían de estos salones un lugar exquisito para combatir el calor agobiante de la Managua.

Centros nocturnos

Como olvidar el “Copacabana”, cuya ubicación era un deleite para sus visitantes a inicios de los años 60 ya que estaba internado en el Lago Xolotlán o de Managua.

El Casino Olímpico, que en sus inicios estuvo situado en el Malecón hasta que una llena del lago lo obligó a moverse del cine Margot media cuadra abajo.

Los lugares más recordados por los viejos Managua fueron sus cantinas, aquí podíamos pasar días enteros tratando de enumerar y nombrar a tanta cantina que para esos años habían en cada barrio de la capital.

Unas fueron famosas por su guaro, otras por sus deliciosas bocas.

Vamos a tratar de traer a la memoria de los miles de miles de amigos que visitaron estos lugares de esparcimiento iniciando por las que según ellos fueron las más famosas. Noche Criolla, cuyo dueño de nombre Porfirio pero que sus clientes le pusieron como sobre nombre “Agustín Lara”, quien servía una boca famosa y que solo él podía realizar con tanto esmero, “riñones con tomates”. Porfirio también les decía a sus clientes tengo camarones que no era otra cosa que una rodaja de mandarina. Después de cada trago servía caldo de camarones, de frijoles y cangrejo, estas delicias culinarias las servía sin limitaciones, cerraba a media noche haciendo honor a su nombre.

La cantina de Cachecho

Dentro de esta lista de cantinas no podemos olvidarnos de popular “Cachecho”. Esta agradable cantina fue visitada por los hombres de radio de ese entonces, también eran asiduos visitantes connotados poetas. Sangre y Arena en la propia calle 15 de septiembre, donde la deliciosa sopa de conchas negras era la especialidad de la casa lo mismo que la sopa de frijoles con queso rallado, cabe mencionar que para que estas dos sopas no le hicieran daño al cliente este tenía que tener entre pecho y espalda por lo menos una media de guaro lija.

Sangre y Arena, otra famosa cantina la cual hasta como referencia en direcciones estaba “de sangre y arena” media cuadra abajo. La afamada cantina de “Panchito Melodía”, ubicada de los transportes Vargas una cuadra al sur en la propia esquina y a quien sus clientes le cambiaron el nombre por el de su dueño ya que ella se llamaba “Melodía de Arrabal”.

Panchito era bastante complicado para recordarlo les decimos que le servía trago a quien él quería, sino lo ponía hacer una gran fila. Pedro Tuco era otra de las cantinas donde las bocas eran abundantes, no sabía ni leer ni escribir la cuenta de los tragos y las medias las llevaba con líneas que este hacía en una hoja de papel.

La cantina de “Cabro Macho”, estaba situada cerca de la de Pedro Tuco por el Hospital General y cuyo propietario era Manuel Villalta.

El pintoresco nombre de la cantina se lo pusieron sus asiduos visitantes ya que Manuel en el patio tenía un cabro y cada vez que pasaba por donde el cabro le tocaba los huevos, de ahí el mal apodo.

La boca de clavear era un plato de conchas negras que le echaba encima un encurtido de las mil maravillas cebolla, coliflor y pepinos.

De la misma manera el guarón lo destilaba con alguna fruta lo cual le daba un sabor especial al trago.

El “Gato Abraham” cerca del Gancho de Caminos, “El Coto Ampié” a una cuadra del cine Luciérnaga, Chico Toval, La Gran Jugada, Luz y Sombra y Los Balcanes, fueron de las más recordadas cantinas de la

Managua antes del terremoto. Podemos pasar días enteros recordando tanta cantina que hubo en la vieja capital, todas tiene su propias historias, por las características de sus dueños y los personajes que las visitaban.

One thought on “Viaje a la Managua del pasado

  1. Quiero felicitarlos por esa enseñanza de que nosotros los jóvenes podamos conocer lo que fue la vieja managua y sus lugares famosos soy nieto de Porfirio Diaz (agustín Lara) dueño de noche criolla y me honra y llena de orgullo que hoy es mencionado gracias por todo esos recuerdo que han publicado mi madre se llama martha del Socorro Díaz hija de mi abuelo Porfirio Diaz y de mi abuelita juana dolores López quiero

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