Prostíbulos de los 70: De la Conga Roja al Baby Doll
Managua

Prostíbulos de los 70: De la Conga Roja al Baby Doll

  • La Hortensia gritaba: “Jueguen con el santo, no con las limosnas”
  • Muchos recuerdan El Cuarto Bate, La Hortensia, El Malinche, Los Tres Diamantes, entre otros

2da. entrega

Por Bosco León Báez
LA CALLE

“Que jueguen con el santo pero no con las limosnas”, gritaba enardecida doña Hortensia Bermúdez, dueña del negocio que llevaba s nombre, “La Hortensia”, que estuvo ubicado en los años 70 del Arbolito una cuadra al sur y una y media abajo.

Hortensia se puso al frente de la singular protesta que realizarían la mayoría de dueños de prostíbulos y casas de juegos, contra las medidas anunciadas por la Policía y el ministerio de Salubridad en contra de estos antros.

Hortensia de inmediato citó a una “sesión” urgente a la mayoría de estos negociantes en su casa de habitación. El llamado no se hizo esperar. Al medio día del 16 de marzo de 1970 la vivienda de doña Hortensia se encontraba llena de estos comerciantes de la carne humana, quienes estaban decididos a todo y contra quien fuera. Inclusive el mismísimo General Anastasio Somoza Debayle, el poderoso hijo del fundador de la dinastía, que estaba siendo presionado por su madre, Salvadora Debayle Sacasa, para que cerrara los prostíbulos en Managua.

Otra de las mujeres bravas en la reunión en casa de Hortensia, era doña Esmelda Ruiz, propietaria del famoso lupanar “El Malinche”, quien vociferaba barbaridades contra la Policía y sus mandos.

Doña María Ugarte, dueña del famoso burdel “El Cuarto Bate”, que, para refrescarle la memoria a muchos sesentones, les decimos que estuvo ubicado del Caracol media cuadra arriba, también enojada decía que ella tenía recibos firmados de los enviados de la Guardia Nacional por el dinero que ella les entregaba para poder seguir operando día a día.

Hasta un sargento de la Policía de nombre Ponce Gabino, dueño de un prostíbulo llamado “Los Tres Diamantes”, ubicado entonces en el barrio Campo Bruce, se unió al grupo embravecido y gritaba sumamente arrecho en contra de la medida policial. La sesión plenaria se desarrollaba con la asistencia total de los dueños de lupanares de la capital, acordó citar a los medios de prensa a una conferencia de prensa para mostrar documentos donde la Policía y Salubridad, le otorgaban permisos para “trabajar”.

El escándalo

Al día siguiente, unos 20 periodistas, de radio y prensa escrita, llegaron a la insospechada conferencia de prensa para ver a los enojados dueños que explicaron a los hombres de prensa que la Policía y Salubridad se estaban haciendo los “pendejos”, porque semanalmente recibían dinero de acuerdo a la calidad del negocio.

Por ejemplo, dijo doña Natalia Mora, “mi negocio, El Pochotillo, es pequeño apenas tengo ocho mesas y seis mujeres y está ubicado una cuadra arriba del mercado Oriental en la esquina este, sin embargo todos los lunes le entrego al cabo Leiva C$300 pesos para dejarme trabajar en paz. Yo no me gano los reales como ellos robando y jodiendo a la gente, que no me arrechen porque conmigo se las ven rapidito”, tronó doña Natalia, hace 47 años.

Uno a uno, los dueños de estos negocios participaron activamente en la conferencia, todos portaban además de los recibos, su “magnífica” (la tarjeta de votación que el Partido Liberal Nacionalista, PLN, daba a los que votaban en elecciones por ese partido) que operaba comoa una especie de constancia de que eran miembros activos o simpatizantes del partido de gobierno.

Al finalizar la asamblea formaron una comisión de tres miembros para fuese a conversar con el Comandante de la Policía de Managua. Al frente de la delegación fue nombrada, Hortensia Bermúdez, la más brava del grupo y quien, según sus palabras, tenía nombres de coroneles, mayores y capitanes que eran asiduos visitantes de su negocio.

“Quiero ver cuando les diga que el jefe de la cantina de la Guardia, antes de llegar a mi negocio me enviaba de regalo cigarros extranjeros y hasta una que otra botella de White Label, para que le alistara una mesa en el fondo del patio con un par de muchachas, mejor que se peleen con el diablo y no conmigo”, tronaba Hortensia Bermúdez.

La reunión con el Comandante

Una semana después se realizó la reunión entre el Comandante de la Policía de Managua, Coronel Rodríguez Somoza, y el Ministro de Salubridad, Francisco Urcuyo Maliaños, y la comisión de los negociantes de prostíbulos, casas de citas y de juegos.

Los periodistas no tuvieron acceso a esta reunión, porque las autoridades pidieron no hacer un escándalo del problema, y mucho menos que llegara a los medios de prensa.

Pero uno de los afectados por las medidas anunciadas se convirtió en el “filtrador” del contenido del encuentro a varios periodistas. Les dijo que en la reunión se acordó tratar, en los siguientes tres meses, de mantener la calma en cada local, evitar aglomeraciones de hombres en las afueras de los negocios y que la música se pusiera lo más bajo posible. Así evitarían las habladurías de los vecinos.

Otro dueño de este tipo de negocios optó por cambiar el nombre de su antiguo prostíbulo, el famoso “Baby Doll”, por el de “Tamanaco Bar”, según él dejo de pagarle al Distrito Nacional, al Fisco y la gente dejaba de molestarlo ya que su antiguo nombre era de una ropa de dormir femenina.

Los periodistas localizaron al Comandante de la Policía de Managua, Coronel Rodríguez Somoza, y al preguntarle por los acuerdos con los dueños de estos negocios, el militar respondió escuetamente que todo estaba resuelto y que no se volverían a repetir hechos ni quejas como la que habían recibido.

Pero, Coronel Rodríguez Somoza hizo una advertencia particular contra el famoso bar “El Charco de los Patos”, un lugar visitado únicamente por homosexuales, que él ordenó cerrar en forma definitiva. “¿Esto significa -le preguntó un periodista- que nunca más volverá a abrir?, el Comandante Rodríguez Somoza de manera firme le contestó:

-“Lo que yo cierro no lo vuelve abrir nadie”.

Las palabras del Comandante se las llevó el viento, porque la orden girada en los primeros días de abril de 1970, no tardó mucho en ser anulada. A finales del mes de mayo, de ese mismo año, el Charco de los Patos cerró el local con ese nombre, que reabrieron, de la Iglesia Santo Domingo una cuadra al lago, media cuadra abajo, abría con bombos y platillos “El Lago de los Cisnes”.

Este local fue abierto con todas las de la ley además con la firma del Comandante Rodríguez Somoza, con la diferencia de que el dueño de este local era Bernabé Somoza, hijo del expresidente Luis Somoza Debayle.

El testaferro del local era el mismo dueño del fenecido Charco de los Patos, por sus conocimientos de administración de este tipo de negocios, especializado en homosexuales.

Otra diferencia es que el Lago de los Cisnes gozaba de la fama de que tuvo más clase y alcurnia que el nuevo Charco de los Patos.

 

One thought on “Prostíbulos de los 70: De la Conga Roja al Baby Doll

  1. me gustó mucho el artículo y verdaderamente lo disfruté, porque revela la hipocresía y falsos valores de la vieja Managua. Solo me quedó la incógnita de la dirección del famoso Charco de los Patos, ya que en el artículo se venía detallando esos metadatos de los sitios referidos.

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