Managua

El decente y elegante cine Darío

  • Otro de los cines de la antigua Managua de los años 80
  • El segundo nivel de los estrenos, después del Margot
  • Tragedia en la noche del terremoto de diciembre de 1972

Por Bosco León Báez
LA CALLE

El decente y elegante cine Darío“El Darío fue un cine decente y elegante diseñado para mi barrio. Estuvo ubicado del Instituto Ramírez Goyena una cuadra al sur. La mayor parte de su clientela eran personas adultas, aunque no faltábamos los chavalos cuando las películas eran propias para nosotros”.

Así comienza su relato, con mucha nostalgia, nuestro amigo Fernando Navarrete, vecino y asiduo visitante del cine desaparecido.

“Fue sin temor a equivocarme -sigue Fernando- un lugar al que podías invitar a la novia y disfrutar de su compañía y de la película sin miedo a que te cayeran las hojas con las sobras del vigorón, o te dieran un semillazo de mango o de jocote, mucho menos que te mojaras los pies de orines, sin embargo, a la hora que se rompía la cinta la ristra de verbos, rechiflas y recuerdos para la progenitora del proyectista eran infaltables y se terminaban hasta que el problema era resuelto”.

“Otra ventaja del Darío es que las películas que ahí presentaban llegaban después de que las había presentado el Margot, ya que ambos cines eran del mismo dueño. Por ejemplo, en el Darío la entrada para adultos costaba C$4 pesos, en cambio en el Margot la entrada era de C$7, te ahorrabas C$3 pesos que en ese tiempo era un montón de plata.

“Los matiné eran alegrísimos, vos te acordás que en esos matiné solo chavalos llegábamos, unos aparecían fajados y otros armar el relajito para joder a los chavalos que andaban jalando, era en los matiné donde la presencia de los muchachos se hacía sentir por la jodarria y hasta uno que otro pleito entre los de otro barrio con nosotros y los que estudiábamos en el Goyena con los del Bautista”.

“Sus mejores clientes generalmente eran personas adultas que asistían después de sus labores cotidianas, compraban su fritanga en el frente del cine y entraban a este para disfrutar de su cena y la película que en ese momento estaban presentando. El Darío también presentaba muchas películas de comedias y románticas, que eran las preferidas de los adultos, razón por la cual los chavalos no asistíamos, entonces emigrábamos al Trébol, que nos quedaba a menos de dos cuadras y donde el alboroto y el relajo estaban en solo la entrada de este cine”.

“El aire acondicionado era otro problema para nosotros en ese tiempo, vos sabes que éramos arrechos a fumar y las personas mayores que estaban sentados cerca de donde nosotros y no fumaban te decían que fueras a fumar a otro lado. El mayor problema era que como siempre íbamos cuatro o más amigos y todos fumábamos. La camisa te quedaba impregnada del olor al cigarro y cuando llegabas a la casa, mi mamá, se daba cuenta de inmediato que me había fumado mis cigarros. No había dado tres pasos dentro de la casa y mi mamita ya me había dado como cuatro coscorrones por haber fumado”.

Una “Love story” verdadera

“Cuando presentaban películas prohibidas para menores de 18 años, que en ese tiempo no eran pornográficas ni mucho menos, había que tirarle un gran cuento y hasta sobornar al tiquetero para que te vendiera la entrada y al portero para que te dejara entrar. Así era mi cine Darío”, dice Fernando con mucha nostalgia.

“En octubre de 1971 se presentó la película romántica “Historia de amor”, interpretada por Ryan O’Neal y Ali MacGraw. Me acuerdo que el cine pasó lleno dos semanas seguidas, un montón de chavalas llegaron a verla. Fue aquí, en la presentación de esta bonita película que conocí a mi esposa Sandra.

“Ella andaba con dos primas y dos compañeras de clases, cuando la vi me fui a sentar cerca de ella para empezar, vos sabés, a tirarle el cuento. Como a la media hora de estar conversando con ella me dice:

– “Te voy a pedir un favor, no sigas fumando cerca de mí, no me gusta el olor a cigarro”.

-“No te preocupés -le dije. Y mientras estuve cerca de ella en el cine no seguí fumando.

“La invité por dos meses al matinée hasta que llegó el terremoto, luego el 14 julio del 73 el propio día de su cumpleaños nos casamos, ambos éramos unos chavalos, ella de 17 y yo de 18, permanecimos casados por 32 años hasta el día de su muerte, hoy ella disfruta a sus nietos desde el cielo.

Una historia triste

Una historia muy triste que ocurrió el día del terremoto en mi barrio fue el de una pareja de novios que el 22 de diciembre asistían a la celebración del cumpleaños de Alba Nubia Gutiérrez. Alba era mi vecina y ese día estaba cumpliendo 17 años y además sus padres le celebraban también su bachillerato. La muchacha, quien había sido compañera de clases de Alba, llegó con su novio a la fiesta, resulta que ellos se marcharon un poco antes del terremoto.

Los del barrio nunca pudimos explicarnos porque la pareja se detuvo por más de media hora en la acera del Darío en la parte este del cine. Ahí les agarró el sismo y cuando quisieron reaccionar parte del techo, del alero y de la marquesina les cayó encima muriendo ambos en el acto.

Dos horas después, unos vecinos gritaron que habían dos muertos que no eran del barrio, los chavalos que andábamos ayudando a los vecinos que habían sufrido algún derrumbe o ayudando a sacar las pertenencias de la familia. Fuimos a ver a la pareja de fallecidos, nadie sabía quiénes eran hasta que llegó Ricardo Gutiérrez, hermano de Alba fue quien dijo que eran invitados en la fiesta de Alba.

Cubiertos con sábanas

Todos ayudamos a quitarles piedras y la madera que había aplastado sus cuerpos, doña Anita llevó dos sábanas para cubrirlos. Vos te podés imaginar, dice Fernando, nadie sabía dónde vivían, Alba decía que la muchacha vivía en San Sebastián pero del muchacho no se sabía absolutamente nada. Como a las tres de la mañana llegó el papá de la muchacha con otros dos señores a buscarla, no tienes ni idea, cuando el papá recibió la noticia, y luego lo llevaron a ver el cuerpo sin vida de su hija. Ese momento fue horroroso, el hombre lloraba e imploraba a Dios porque le había hecho eso a su muchachita, los dos amigos que andaban con él le ayudaron a cargar el cuerpo de la joven hasta San Sebastián.

“El novio de ella quedó en el barrio hasta dos días después que tuvo que ser incinerado por las autoridades que en esa época andaban realizando esta triste labor”.

“De esta manera terminó para siempre el recordado cine Darío el cual nos brindó a sus visitantes alegría, diversión sana y recuerdos imperecederos y como para no irse solo se llevó en el último momento de su existencia a dos vidas jóvenes”, finaliza contándonos nuestro amigo Fernando Navarrete.

En nuestra próxima edición, el cine Fénix.

One thought on “El decente y elegante cine Darío

  1. Hola Bosco León
    ¿Tienes algún reportaje sobre el barrio Buenos Aires, el mismo donde quedaba el cine Darío?
    Quedo a la espera.
    Slds

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