Aún hay mucho por contar del Quelite
Archivo

Aún hay mucho por contar del Quelite

  • De aclaraciones necesarias a cosas nuevas

Por Bosco León Báez
LA CALLE

“Quiero hacer una aclaración, cuando doña Argentina Leiva, mi suegra, me encontró en el Quelite besándome con otra muchacha, aún no era novio de Lorna”.

Así comenzó su defensa, mi amigo, Agustín Parrales, sobre la última historia que publicamos sobre lo que ocurrió en las sombras, animado por la música y los tragos, en el bar y restaurante El Quelite, que en los años 80 fue el centro del entretenimiento diario, y sobre todo del fin de semana.

“La verdad dice Lorna -su esposa desde hace 32 años- es que aún no éramos novios oficiales, pero Agustín me seguía por todos lados. Si andaba en una fiesta como por arte de magia aparecía, una vez andaba en el mar con mis primas y el hombre apareció y hasta sin paracaídas, es que tenía comprado a mi hermano menor Luis quien le informaba de todos y cada uno de mis movimientos”.

Lorna comenzó esta nueva anécdota diciendo que en 1984 llegaron al país “mis tías Angelina y Zoraida, quienes vivían en España y llegaron de vacaciones por dos meses hospedándose en mi casa. Ya se pueden imaginar el alboroto que se armó en la familia de mi madre con la llegada de ellas, la noche que llegaron en mi casa habían más de 30 personas entre hermanos, sobrinos, esposos y esposas. Mis primos y hermanos estábamos sumamente contentos porque sabíamos que venían días de mucho paseo”.

El enredo

“El 11 de febrero es el cumpleaños de mi amiga y vecina Lourdes Grijalva, ese año había caído en viernes y sus amigos habíamos acordado celebrárselo en su casa. Le avisé a Agustín para que llegara, se suponía que era mi loco enamorado, que me seguía a todos lados, por lo tanto, me imaginé que me acompañaría. Pero, mi hoy mi esposo me dijo que ese día iría con su jefe a Chinandega a revisar un proyecto cuya empresa lo llevaría a cabo.

-“Tranquila Lorna, me dijo, anda vos y explícale a Lula el motivo por el cual no voy a llegar.

Mientras Lorna contaba el episodio, Agustín la quedaba viendo para ver si se equivocaba a le aumentaba alguna palabra.

“Por casualidades de la vida en mi casa habían planeado ir al Quelite, mis dos tíos con sus esposas, mi mamá y mi papá y mis tías que estaban de visita. La fiesta de Lula estuvo alegrísima y regresé a casa como a la una de la madrugada. Una hora más tarde llegaron mis padres y mis tías, y como aún no me había dormido salí a saludarlos y a preguntarles cómo les había ido en su fiesta. De inmediato mi mamá me dijo:

-Estuvimos alegrísimos, bailamos, cantamos con el mariachi muy divertido e inolvidable para Agustín.

-¿Qué tiene que ver Agustín con su fiesta?, le pregunté a mi mamá.

“Entonces mi papá, que mucho lo quiso, me dijo:

-Nada hija, no le hagas caso a tu mamá.

“Tomó del brazo a mi madre diciéndole ´vamos acostarnos que traigo mucho sueño´”.

El “carbón encendido”

“Al día siguiente que mi papá se fue a trabajar, mi mamá, al lado de mis tías sentadas en el comedor, me dice:

-Vieras que lindo se veía Agustín bailado bien pegadito y besándose con una flaca que no tenía ni carne para un anzuelo y además bien fea.

“Me quedé sorprendida ya que a mí me gustaba Agustín, pero no lo había aceptado como novio ya que mi ex se había marchado a estudiar a Costa Rica y yo estaba de babosa esperándolo.

-Si es cierto, me confirma mi tía Angelina, vieras visto el susto que se llevó cuando tu mamá se le acercó en pleno baile y en una sola besadera, el hombre se puso pálido como un papel y a los 10 minutos ya se había marchado del lugar, la fiesta le duro poquito ya que cuando lo encontramos eran como las 10 de la noche.

-Te cuento esto, me dijo mi mamá. para que sepas que Agustín es pájaro de alto vuelo.

“El mentado Agustín se perdió del mapa como por una semana hasta que un domingo saliendo de mi casa y como a las dos cuadras se me acercó saludándome. Lo primero que me dijo fue:

-Lorna, por favor perdóname.

-¿Perdonarte de qué?, le pregunté.

-Me imagino que doña Argentina ya te contó lo del Quelite…

-No tengo que perdonarte nada si vos no sos nada mío, le contesté. Lo que no te entiendo es que me vivís pidiendo que seamos novios, que hasta tenés intenciones de casarte conmigo y en una media escapada andás bailando y besándote con otra, ya me imagino cómo serás si nos casamos y por favor no te quiero volver a ver.

El reencuentro

“Como a los dos meses fuimos con unos compañeros de trabajo al Quelite. Yo siempre le avisaba a mi mamá adónde iba y a qué hora llegaría. Mi hermanito Luis escuchó la conversación y de inmediato le fue avisar a Agustín.

“Como a las 10 de la noche veo llegar al mariachi a la mesa donde estábamos y el cantante se dirige a mí diciéndome:

-Para usted señorita Lorna con mucho amor de parte de Agustín.

“Mis compañeros de trabajo aplaudieron y gritaron con la fregadera y el cantante inició con la canción “Sin ti”. Cuando el hombre va por la mitad de la canción se aparece el famoso Agustín, con un ramo de flores, todo el Quelite tuvo que ver con la actuación del susodicho aplaudiéndonos y gritándome que lo perdonara.

“Desde esa noche hasta hoy llevamos 32 años de casados, tenemos tres hijos y dos nietos. Eso sí, le advertí que un día que llegara más tarde de lo normal que buscara sus peleros en la puerta de la casa y ni que me llevara al famoso Mariachi Vargas de Tecalitlán, le perdonaría nada.

Así es amigos, agrega Agustín, Lorna es la mujer de mi vida y la noche que salí con la flaca fue porque era mi jefa y me podía correr. Lorna agregó:

-¿Y es que ustedes creen que le creí el cuento más absurdo que este hombre haya contado?

Así fue El Quelite, un lugar que cuando cerró se llevó miles de miles de historias y anécdotas que hoy algunos de los que las vivieron se regocijan de alegría y felicidad al recordar que en ese lugar tuvieron momentos de mucha felicidad.