El trompo, las chibolas y las llantas viejas
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El trompo, las chibolas y las llantas viejas

  • Los antiguos juegos sanos de nuestra infancia

Por Bosco León Báez
LA CALLE

“Lo que pasa es que cuando nosotros éramos jóvenes jugábamos con cualquier cosa”, voy a tratar de recordarme con que objetos y no juguetes nos divertíamos en esos tiempos. De esta manera iniciamos una larga y tendida conversación con nuestro amigo y vecino de Candelaria, Danilo Mejía. Salíamos a la calle colgada en el cuello como un escapulario nuestra infaltable “tiradora”, la cual nosotros mismos fabricábamos de palo de guayaba el cual era el mejor los hules y amarradores eran de neumático de carro estos eran los que sostenían cada uno de los hules de la tiradora.

Los trompos y laS chibolas los cargábamos en la bolsa del pantalón, jugar una mancha en plena tierra era mejor ya que el trompo se ponía sedita, en cambio en el pavimento se ponía tatarata. Este juego era un verdadero espectáculo, más de 12 chavalos todos armados con sus trompos ya fueran “pinochos” los cuales los fabricaban de pino eran malos, la punta era de clavo, los otros eran de guayacán y la punta era de tornillo. También había un trompo que le decíamos “morranca”, el cual era bien pequeño en comparación con los demás, algunos los usaban, pero para dar el “miado” pero con la morranca era difícil y dar el “bote” con una morranca tenías que usar toda la mano sin que se notara ya que era ilegal darlo con la mano. La ventaja de la “morranca” era que cuando estabas en cama era difícil que te dieran el “miado”. Otro trompo que había pero que a mí no me gustaba nos dice Danilo era el trompo “paragua”, era un trompo grande pero más difícil de lanzar y dar el bote.

Jugar hand ball con pelota de tenis o de hule era de muchas habilidades en las manos, ya que la rifa era entre dos y además sin pasar de la raya la cual estaba ubicada donde uno iba a “batear” con la mano. Este además de ser un juego de mucho esfuerzo físico, era muy participativo ya que generalmente se jugaba con chavalos de otros barrios, las perreras un domingo por la mañana eran buenísimas, aunque solo eran dos los que se rifaban. La maseada era buena vi apuestas de hasta 400 pesos de esa época, a estas perreras un domingo venían al barrio los de Santo Domingo y el otro nosotros íbamos donde ellos. Esto era camaradería y vecindad lo que hoy no existe se perdió con el terremoto.

Uno de los más cansados era el “omblígate” te acordás me dice Danilo, iniciábamos en el parque, agarrábamos para abajo hasta la Catedral, luego doblábamos para arriba hasta llegar nuevamente al parque, este recorrido lo hacíamos casi en un hora pero al llegar nos quedábamos sentados sin querer hacer otra cosa, pero al día siguiente te dolía todo el cuerpo, ya que estar agachado y que te pasaran encima por lo menos unos 15 chavalos y luego saltar era terriblemente agotador. Arriba, el fusilado, eran otros de los juegos donde la participación de muchachos era básica y fundamental, un equipo para jugar arriba por lo menos eran de 10 cada uno, pasábamos corriendo toda la noche.

Las tapas de las gaseosas las aplanábamos y luego las andábamos pegando en las puertas de madera como si fueran dardos. Los paquetes vacíos de cigarros era otro de los juegos, abríamos cada paquete de manera que quedaran del largo de un billete y luego lo jugábamos a la cara y solo. Cada paquete tenía un valor, el Esfinge era uno de los caros valía para nosotros 1 peso, estaba el Windsor, el Belmont, el Delmar, Récord. Uno de los juegos más rápidos y que podíamos jugar en cualquier lado era el “ladrillete”, lanzar la moneda al aire y el que quedara más dentro del ladrillo ese ganaba, también si tu moneda caía sobre la del otro jugador ganabas doble y si tu moneda quedaba en cualquier esquina también ganabas doble.

Elevar lechuzas las cuales las fabricaban de papelillo costaban 10 centavos y por lo menos unos 5 rollos de hilo los cuales lo cogíamos escondidos del costurero de nuestras madres. Ponerle un telegrama a la lechuza con un trozo de papel agujereado al centro metido en el hilo era obligatorio ya que este le daba más peso cuando estaba bien elevada. Las patinetas las hacíamos de pedazos de madera con balineras que le pedíamos al viejo Payo donde Papucho. Jugar con llantas viejas era otro de nuestros pasatiempos, llevábamos empujando una llanta con nuestras manos. Ir alquilar bicicletas donde el viejo cascarrabias de Mundo era una cita obligatoria por las noches. Un peso la media hora aunque generalmente siempre nos pasábamos del tiempo y el viejo Mundo arrecho despotricaba cuando le dejábamos la bicicleta tirada en medio del taller donde las alquilaba.

En nuestra próxima entrega, las infaltables viejas cuecheras de todos los barrios